Estigmas de San Francisco de Asís

Los estigmas de San Francisco de Asís representan el primer caso documentado y más célebre de estigmas místicos en la historia de la Iglesia católica, un fenómeno sobrenatural en el que el santo recibió en su cuerpo las cinco llagas de Cristo crucificado durante un retiro espiritual en el monte La Verna en septiembre de 1224. Este milagro, confirmado por testimonios contemporáneos y reconocido por la Santa Sede, simboliza la unión íntima de Francisco con la Pasión del Señor, impulsando su canonización y la devoción franciscana a lo largo de los siglos.1,2
Tabla de contenido
Antecedentes históricos
San Francisco de Asís (1181/1182-1226), fundador de la Orden de Frailes Menores, vivió en una época de profunda renovación espiritual en la Iglesia medieval. Nacido en Asís, Italia, renunció a sus bienes familiares en 1206 para abrazar la pobreza evangélica, atrayendo discípulos y recibiendo la aprobación papal de su regla en 1223. Su vida estuvo marcada por una devoción intensa a la Eucaristía y a la Pasión de Cristo, temas centrales en sus meditaciones.1
En agosto de 1224, Francisco, acompañado por fray León y otros frailes, se retiró al monte La Verna (o Alvernia), un eremo rocoso entre los ríos Tíber y Arno, donado por el conde Orlando de Chiusi. El propósito era cumplir un ayuno de cuarenta días en preparación para la fiesta de San Miguel Arcángel (29 de septiembre). Durante este retiro, las meditaciones de Francisco sobre los sufrimientos de Jesús se intensificaron, preparando el terreno para el evento prodigioso.1,3
El retiro en La Verna y la visión del serafín
El milagro ocurrió alrededor del 14 de septiembre de 1224, fiesta de la Exaltación de la Cruz. Mientras oraba en la ladera del monte, Francisco contemplaba ardientemente las llagas de Cristo. Según relatos contemporáneos, un serafín de seis alas apareció en el cielo, rodeado de resplandor divino. Este serafín, símbolo de amor ardiente en la tradición bíblica (Isaías 6:2), se acercó a Francisco, quien experimentó una transformación sobrenatural.1,4
La visión culminó en una unión mística: el serafín imprimió en el cuerpo del santo las marcas de la crucifixión. Francisco, abrumado por el dolor y la alegría, ocultó inicialmente el fenómeno por humildad, pero las heridas persistieron, causando sufrimiento continuo en su frágil salud.2
Detalles de la aparición
Los testigos oculares, como fray León, describen cómo Francisco vio al serafín en forma de hombre crucificado, con las alas desplegadas. Esta visión no solo fue exterior, sino que penetró el alma del santo, fusionando su voluntad con la de Cristo. El fenómeno duró brevemente, pero sus efectos fueron permanentes, diferenciándose de visiones puramente imaginarias.1
Descripción de los estigmas
Los estigmas de San Francisco eran únicos en su forma: no simples heridas, sino excrescencias de carne que simulaban clavos. En las manos y pies, presentaban cabezas redondas por un lado y puntas dobladas por el otro, como si penetraran la carne. En el costado derecho, una herida lanceolada sangraba frecuentemente, evocando la lanza del centurión.5,1
Estos signos fueron visibles durante los últimos dos años de vida del santo, hasta su muerte el 3 de octubre de 1226. A diferencia de muchos estigmas posteriores, los de Francisco no cicatrizaron y causaron hemorragias, penurias físicas y un aroma celestial, según relatos hagiográficos. Fueron examinados por numerosos frailes y laicos, confirmando su autenticidad.2
Comparación con otros estigmas
Aunque los estigmas de Francisco son el caso inicial conocido (siglo XIII), preceden a figuras como santa Catalina de Ricci. La tradición eclesiástica los considera un privilegio divino reservado a almas eucarísticas y víctimas por la Iglesia, siempre en éxtasis o contemplación.5
Testimonios contemporáneos
La evidencia es sólida gracias a fuentes directas:
Fray León, compañero en La Verna, dejó una nota en la bendición autógrafa de Francisco, describiendo las heridas con precisión.1,2
Hermano Elías, vicario general de la Orden, anunció públicamente los estigmas tras la muerte de Francisco, impulsando su culto.2
Tomás de Celano, primer biógrafo (ca. 1200-1255), detalla el suceso en su Vita prima (1228-1229) y Vita secunda (1244-1247), por encargo de Gregorio IX y Crescentio de Iesi. Estas obras, junto a un tratado de milagros, son fundamentales.2,6
Estos testimonios, respaldados por el Acta Sanctorum y vidas franciscanas, refutan explicaciones naturalistas.2
Reconocimiento eclesiástico
Francisco fue canonizado el 16 de julio de 1228 por el papa Gregorio IX, quien erigió la basílica de San Francisco en Asís. Los estigmas fueron clave en el proceso. Papas posteriores los exaltaron:
León XIII en Auspicato Concessum (1882) los describe como milagro inaudito, comparando a Francisco con Cristo.3,4
Juan Pablo II los vinculó a la Navidad en Greccio, destacando su mensaje de humildad.7
La Iglesia celebra la fiesta de los Estigmas de San Francisco el 17 de septiembre.5
Significado teológico y espiritual
Teológicamente, los estigmas simbolizan la imitación perfecta de Cristo (Gálatas 6:17), confirmando la santidad de Francisco. Representan la victoria del amor sobre el dolor, invitando a los fieles a unir sus sufrimientos a la Cruz. En la espiritualidad franciscana, inspiran la pobreza, humildad y devoción a la Pasión.1
San Pío de Pietrelcina y otros estigmatizados posteriores se inspiraron en Francisco, aunque la Iglesia enfatiza su rareza como signo divino.5,2
Devoción y legado cultural
La devoción se extiende por franciscanos, terciarios y fieles. Indulgencias parciales se conceden a tertiarios el 17 de septiembre.8 En Asís y La Verna, peregrinaciones atraen millones. Culturalmente, inspiró arte (Giotto), literatura y el presepio de Greccio (1223).7
En resumen, los estigmas de San Francisco de Asís no solo autentican su santidad, sino que iluminan el misterio pascual, recordando que el cristiano está llamado a «llevar en el cuerpo las marcas de Jesús» (Gálatas 6:17). Su estudio profundiza la fe en los milagros eucarísticos y la mística cristiana.1
Citas
San Francisco de Asís, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §San Francisco de Asís (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9
Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen III, § 581 (1990). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8
Estigmas místicos, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Estigmas místicos (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Tomás de Celano, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Tomás de Celano (1913). ↩
El nacimiento de Jesús revela la profundidad del amor de Dios, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 3 de enero de 2001, § 2 (2001). ↩ ↩2
Lex sodalium franciscalium tertii ordinis – Cap. II – De indulgentiis partialibus, Papa León XIII. Misericordia Dei Filius, § II. ↩
