Orígenes y vocación misionera
San Francisco Javier, nacido en 1506 en el castillo de Javier (Navarra, España), fue un noble vasco que estudió en la Universidad de París, donde conoció a San Ignacio de Loyola. Juntos fundaron la Compañía de Jesús en 1534. Su vocación misionera se activó en 1540 gracias a una carta del rey Juan III de Portugal, solicitando misioneros para India.1,2 Partió desde Lisboa en 1541, llegando a Goa en 1542, donde inició una labor incansable que lo llevó a Malaca, Japón y China.
«Más allá de toda duda puede decirse que el santo, patrono de las misiones sagradas, recompensó a vuestra nación con generoso interés por la espléndida ayuda que facilitó a este hombre apostólico para responder libre y gustosamente a su divina llamada».1
Su muerte ocurrió el 2 de diciembre de 1552 en la isla de Sancián, frente a China, exhausto por fiebres y privaciones. Fue canonizado en 1622 por Gregorio XV, junto a San Ignacio.2
Milagros atribuidos al santo
La santidad de Francisco Javier se manifiesta en prodigios extraordinarios, como curaciones, multiplicaciones de alimentos y conversiones masivas. En Japón y la India, bautizó a decenas de miles. Tras su muerte, su cuerpo incorrupto en Goa generó veneración; en 1614, su brazo derecho se trasladó a Roma.3,2 La Novena de la Gracia, originada en un milagro con el padre Mastrilli en 1633-1634, popularizó su intercesión.4
Sin embargo, ninguna fuente contemporánea o posterior registra estigmas —heridas correspondientes a las de Cristo crucificado— en su cuerpo durante vida o post mortem.
