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Cruz

Estigmas de Santa Catalina de Ricci

Los estigmas de Santa Catalina de Ricci constituyen uno de los fenómenos místicos más singulares en la vida de esta santa dominica del siglo XVI, caracterizados por heridas visibles e invisibles en manos, pies, costado y cabeza, vinculados a sus intensos éxtasis de la Pasión. Estos signos, atestiguados en procesos de beatificación y por testigos contemporáneos, se manifestaban de formas variadas —desde llagas sangrantes hasta resplandores luminosos— y subrayan su participación en los sufrimientos de Cristo. Asociados a visiones periódicas de la Pasión, los estigmas de Catalina de Ricci ejemplifican la tradición católica de los estigmas místicos, cuyo origen se remonta a San Francisco de Asís, y destacan su rol como co-redentora en la expiación de los pecados humanos.1,2

Tabla de contenido

Biografía de Santa Catalina de Ricci

Santa Catalina de Ricci, nacida como Alessandra Lucrezia Romola el 23 de abril de 1522 en Florencia, ingresó en el convento dominico de San Vicente en Prato a los trece años, adoptando el nombre de Catalina en su vestidura religiosa en 1535. Proveniente de una familia de banqueros y comerciantes, quedó huérfana de madre siendo niña y fue educada por una madrastra devota que fomentó su inclinación a la oración solitaria. Su vida religiosa se vio marcada por enfermedades iniciales que santificó mediante la meditación en la Pasión de Cristo, lo que la llevó a ocupar cargos como maestra de novicias, subpriora y, finalmente, priora perpetua desde los treinta años.3

Falleció el 2 de febrero de 1590 a los sesenta y siete años, tras una larga enfermedad, y fue canonizada por Benedicto XIV en 1746, con gran júbilo en Prato, donde su cuerpo reposa en el convento de Santa Catalina (antiguo San Vicente). Su santidad atrajo visitas de figuras como tres cardinals que luego serían papas, y mantuvo comunicación milagrosa con santos contemporáneos como San Felipe Neri.4,3

Los éxtasis de la Pasión

Los éxtasis semanales de la Pasión representan el contexto principal de los estigmas de Santa Catalina. Iniciados en febrero de 1542, cuando tenía veinte años, estos raptos duraban exactamente veintiocho horas, desde el mediodía del jueves hasta las cuatro de la tarde del viernes, reproduciendo con precisión las escenas de la Pasión de Cristo. Durante estos estados, Catalina conversaba en voz alta, como en un drama dividido en diecisiete escenas, interrumpido solo para recibir la Comunión.1

Al emerger del éxtasis, su cuerpo presentaba heridas producidas por azotes, cuerdas y otros instrumentos de tormento, cubriendo sus extremidades. Estos éxtasis, renovados semanalmente durante doce años, generaron multitudes de visitantes que perturbaban la vida conventual, por lo que la comunidad y la propia Catalina suplicaron su cese, ocurrido en 1554.1,4,3 En ellos, no solo revivía los dolores de Jesús, sino que exhortaba a las hermanas presentes con una elocuencia sobrenatural, moviendo su cuerpo en gestos imitadores: extendía las manos para ser atada, se erguía para el azote o inclinaba la cabeza para la coronación de espinas.2

Características únicas de los éxtasis

A diferencia de otros éxtasis pasivos, en estos Catalina actuaba físicamente conforme a las escenas contempladas, lo que los distinguía notablemente. Testigos describen cómo, en medio del trance, dirigía palabras elevadas a las religiosas, revelando un conocimiento teológico profundo pese a su falta de estudios formales.2 Estos episodios se vinculan directamente con los estigmas, ya que los sufrimientos internos se exteriorizaban en marcas visibles.

Descripción de los estigmas

La tradición hagiográfica atribuye a Santa Catalina estigmas visibles en manos, pies, costado y corona de espinas, aunque su manifestación variaba según los observadores. Algunos testigos relataban llagas perforadas y sangrantes, otros un resplandor cegador que impedía detalles precisos, y algunos heridas cicatrizadas, rojas e hinchadas con un punto negro central, donde la sangre parecía circular.2

Estos signos no eran permanentes como en otros estigmatizados, sino asociados a los éxtasis, emergiendo como secuela de las visiones. La Catholic Encyclopedia sobre estigmas místicos la incluye en la lista de 321 estigmatizados con probable acción divina, destacando que solo los éxtasis producían tales marcas, acompañadas de visiones de la Pasión sangrienta.1 Dr. Imbert-Gourbeyre, citado en fuentes históricas, enfatiza que los sufrimientos eran esenciales, evitando que las heridas fueran mero símbolo vano.1

Estigmas invisibles y sufrimientos internos

Paralelamente, Catalina experimentó estigmas invisibles, consistentes en dolores intensos sin marcas externas, comunes en místicos como Santa Catalina de Siena, quien pidió invisibilidad por humildad. En Ricci, los dolores persistían como participación en la redención, expiando pecados mundiales mediante compasión por Cristo.1

Testimonios y proceso de autenticidad

La existencia de los estigmas se documenta en deposiciones del proceso de beatificación, presentadas ante la Congregación de Ritos. El promotor de la fe, Prosper Lambertini (futuro Benedicto XIV), examinó detalladamente estos testimonios, que coincidían en la realidad de las heridas pese a discrepancias descriptivas —posiblemente por el fulgor místico que emanaba de su cuerpo, similar a otros santos en éxtasis.5,2

Contemporáneos como San Felipe Neri corroboraron fenómenos relacionados, y la Iglesia, al canonizarla, avaló implícitamente estos signos. Historiadores como Alban Butler señalan la diversidad de percepciones como indicio de autenticidad sobrenatural, no fraude.2 Incluso escépticos del siglo XIX, como médicos racionalistas, admitían hechos similares en estigmatizados, buscando explicaciones naturales sin éxito concluyente.1

El anillo místico como signo complementario

Relacionado con los estigmas, Catalina recibió en Pascua de 1542 un anillo de esponsales de Cristo: una marca roja en el dedo que ella veía como sortija de oro con diamante. Experimentos con pigmentos, agua y jabón fallaron en borrarla, y un resplandor la ocultaba a veces. Este «token de esponsales» refuerza su mística nupcial, investigada en procesos.5

Significado teológico en la tradición católica

Los estigmas de Santa Catalina de Ricci encarnan la doctrina de la comunión de los santos y la co-redención, donde los místicos participan físicamente en la Cruz para expiar pecados. Como dominica, enlaza con la tradición franciscana iniciada por San Francisco de Asís (primer estigmatizado en 1224), cuya fiesta de los estigmas se celebra el 17 de septiembre.1

La Iglesia ve en ellos gracia divina para fomentar piedad por Cristo, no orgullo, ya que los sufrimientos predominan: «una larga serie de dolores que surgen de la divina dolencia de los estigmas y terminan solo en la muerte».1 Su vida combina contemplación con administración conventual, cuidando enfermos y reformando, mostrando equilibrio entre mística y acción.5,6

Posición en la lista de estigmatizados

Entre 62 santos y beatos estigmatizados, Catalina figura con figuras como Santa Lutgarda, Santa Margarita de Cortona o Santa Catalina de Siena. De los 321 casos históricos, solo 41 hombres, predominando mujeres en éxtasis.1

Veneración y legado

La memoria de Santa Catalina se honra el 13 de febrero. Su convento en Prato preserva reliquias y testimonios, inspirando devoción a la Pasión. En la tradición dominica, ejemplifica amor a María y combate espiritual, uniendo metafísica tomista con imitación crística.6,3

Su legado perdura en la espiritualidad católica, recordando que los estigmas no son trofeo, sino llamado a la humildad y expiación. Como priora, equilibró fenómenos extraordinarios con obediencia, priorizando la caridad.

Citas

  1. Estigmas místicos, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Estigmas místicos (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10

  2. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, § 344 (1990). 2 3 4 5 6

  3. Santa Catalina de' Ricci, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Santa Catalina de' Ricci (1913). 2 3 4

  4. Santa Catalina dei Ricci, virgen (AD 1590), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, § 343 (1990). 2

  5. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, § 346 (1990). 2 3

  6. Romanus Cessario, OP. María en la tradición dominicana, § 9 (2003). 2