El ciclo extático semanal
La primera gran experiencia de la Pasión ocurrió en febrero de 1542. Durante los años siguientes, Catalina entraba semanalmente en éxtasis desde el jueves al mediodía hasta las cuatro de la tarde del viernes, con una duración aproximada de veintiocho horas. La recepción de la sagrada Comunión constituía la principal interrupción de aquel estado.,
Durante el éxtasis, sus gestos seguían las escenas que contemplaba interiormente. Extendía las manos como si fueran a atárselas, permanecía erguida durante la flagelación, inclinaba la cabeza ante la corona de espinas y adoptaba posturas relacionadas con los distintos momentos de la Pasión. En ocasiones dirigía exhortaciones a las religiosas que la acompañaban.
El fenómeno no constituía una representación teatral preparada. Los relatos lo presentan como una experiencia contemplativa que afectaba a la conciencia, al lenguaje y al cuerpo de la religiosa. Tras algunos episodios, sus miembros mostraban lesiones que los testigos relacionaban con los tormentos contemplados.
Marcas corporales
Los testimonios del proceso de beatificación atribuyeron a Catalina estigmas en las manos, los pies y el costado, además de señales semejantes a una corona de espinas. Las descripciones, no obstante, varían notablemente:
- Algunos testigos afirmaron haber visto las manos atravesadas y sangrantes.
- Otros contemplaron marcas luminosas cuya intensidad les impedía observarlas con claridad.
- Otros describieron heridas cerradas, enrojecidas e hinchadas, con un punto oscuro en el centro.
Esta diversidad testimonial impide presentar una descripción única y uniforme de los estigmas de Catalina.
La tradición hagiográfica también relacionó sus fenómenos corporales con sus éxtasis de la Pasión. Después de las experiencias, sus brazos y piernas podían mostrar señales que los testigos interpretaron como efectos de azotes, cuerdas u otros tormentos contemplados durante el arrobamiento.