Santa Gemma Galgani (1878-1903), nacida en Camigliano, cerca de Lucca (Italia), vivió una existencia marcada por el sufrimiento físico y espiritual desde su infancia. Huérfana de madre a los siete años y de padre en la adolescencia, padeció graves enfermedades como tuberculosis espinal y otitis mastoidea, que la postraron en cama durante meses. A pesar de ello, su fe ardiente la llevó a una intensa vida de oración y aspiración a la vida religiosa, aunque no pudo ingresar en un convento por motivos de salud.1,2
Gemma se caracterizó por su contemplación de Jesús Crucificado, a quien ofrecía sus dolores como víctima por la conversión de los pecadores. Esta disposición espiritual preparó el terreno para los fenómenos extraordinarios, entre los que destacan los estigmas. Su biografía, aprobada por la Iglesia, resalta cómo, inmersa en la oración, experimentó una participación mística en la Pasión, descrita como un «germoglio delle sue piaghe» (renuevo de sus llagas).1

