Santa Verónica Giuliani, cuyo nombre de pila era Úrsula Giuliani, nació el 27 de diciembre de 1660 en Mercatello sul Metauro, en la diócesis de Urbino, Italia. Hija de Francesco Giuliani y Benedetta Mancini, fue la menor de siete hermanas, tres de las cuales también abrazaron la vida monástica.1,2 Desde niña mostró signos de una piedad excepcional: a los dieciocho meses corrigió a un comerciante por dar una medida falsa de aceite, exclamando «Haz justicia, Dios te ve»; a los tres años compartía su comida con los pobres y a los siete, tras la muerte de su madre, intensificó su devoción a la Pasión de Cristo.3
Su padre, ascendido a superintendente de aduanas en Piacenza, se opuso inicialmente a su vocación religiosa, proponiéndole pretendientes. Úrsula enfermó gravemente hasta que obtuvo permiso para ingresar, en 1677, al monasterio de las Clarisas Capuchinas de Città di Castello, donde tomó el nombre de Verónica —«verdadera imagen»— en alusión a la Verónica del Evangelio. Permaneció allí cincuenta años hasta su muerte el 9 de julio de 1727, sirviendo como maestra de novicias y abadesa desde 1716.1,4
Su vida claustral se caracterizó por una intensa vida interior, documentada en un Diario de más de 22.000 páginas manuscritas, escrito por obediencia desde 1693. Este vasto testimonio, sin correcciones ni estructura premeditada, revela su camino de unión mística con Cristo.1,5

