Origen y desarrollo de la escuela
El estoicismo fue fundado en 322 a. C. por Zenón de Citio, y se extendió hasta el cierre de las escuelas atenienses hacia el año 429. Su nombre procede de la stoa poikilé (el pórtico o galería donde se impartían lecciones). La historia suele dividirse en estoicismo antiguo, medio y nuevo.1
En el estoicismo antiguo, Zenón estableció las bases doctrinales; tras él, Cleantes y sobre todo Crísipo desarrollaron el sistema. En el estoicismo medio, la escuela penetró en el mundo romano, destacando Panecio y Posidonio. En el estoicismo nuevo, se volvió más ética y didáctico, conservándose parcialmente testimonios de autores como Séneca, Musonio, Epicteto y Marco Aurelio.1
Elementos centrales: naturaleza, destino y ley
Una idea clave del estoicismo es su concepción de la naturaleza como orden universal. Ese orden se expresa, por un lado, como una regulación infalible del curso de los acontecimientos mediante el destino (eimarmene), y por otro, como logos y providencia. Además, el estoicismo habla de una ley que determina reglas naturales para la sociedad de los hombres y también para lo que concierne a los dioses.1
Se añade la imagen de un fuego artístico que describe la fuerza activa que produce el mundo «uno, perfecto y completo» desde el principio y que retorna, de modo cíclico, en una conflagración universal. Las divinidades populares serían expresiones alegóricas de esa fuerza.1
Implicaciones morales: conformidad, indolencia y sabiduría
Sobre esa base, el estoicismo sostiene una actitud moral en la que la conducta del sabio se define por la conformidad consigo mismo y con la naturaleza, junto con la indiferencia ante las cosas externas. El sistema culmina en la figura del sabio, cuya sabiduría es presentada como infalible y estable.1
La enciclopedia católica resume que esta visión funda también el optimismo del sistema moral estoico, aunque el mismo relato reconoce que la doctrina debía afrontar problemas como el origen de las pasiones y vicios, la conciliación entre destino y libertad, y el origen del mal.1
