Dios Creador y la fecundidad como bien humano
La fe cristiana ve la procreación como parte de la bendición divina y del mandato de custodiar la vida. El texto del Génesis presenta a los seres humanos llamados a ser «fructíferos y multiplicarse» como expresión de la fecundidad querida por Dios.5
Esta visión no reduce la sexualidad a una función biológica controlable, sino que la integra en una comprensión personal: el hombre y la mujer están llamados a colaborar con el plan creador. Asimismo, el relato del Génesis insiste en que la fecundidad corresponde al designio de Dios en la historia humana.6
El cuerpo, lugar ético del amor conyugal
En el Nuevo Testamento, el cuerpo no es un objeto indiferente, sino un lugar moral. San Pablo enseña que el cuerpo está ordenado al Señor y que el creyente debe vivir su unidad corporal con responsabilidad.7
Esta perspectiva es relevante para la anticoncepción: si el acto conyugal expresa una verdad integral de la persona, entonces no basta con «lograr» un resultado biológico (evitar embarazo) si el modo elegido contradice el sentido ético del acto.7
