Riesgo de degradación moral y debilitamiento del respeto humano
La Humanae Vitae enseña que el recurso a métodos artificiales para controlar la natalidad (y, por extensión, la mentalidad que busca subordinar la procreación a decisiones técnicas) puede abrir el camino a la infidelidad conyugal y a una caída de los estándares morales.
El texto también recalca que los jóvenes, especialmente expuestos a la tentación, necesitan estímulos para conservar la ley moral, y que facilitar su ruptura es un mal.
Aparece además un argumento decisivo: la procreación no puede dejarse a una decisión arbitraria respecto al propio cuerpo y sus funciones naturales más allá de límites que no pueden ser traspasados.
En esta línea, se advierte que el hábito de recurrir a métodos anticonceptivos puede hacer perder el respeto debido a la mujer, reduciéndola a instrumento para el deseo, y no reconociéndola como compañera a la que se debe cuidar con afecto.
Aunque estas afirmaciones se formulan en el contexto de la anticoncepción, resultan coherentes con el principio del que depende toda la moral conyugal: el ser humano no puede instrumentalizarse cuando se trata del don de la vida y del sentido integral del amor.
Relación con el poder público y el control de la intimidad
La Humanae Vitae advierte igualmente del peligro de que el poder sobre decisiones reproductivas pase a autoridades públicas poco preocupadas por los preceptos morales, favoreciendo determinadas prácticas o incluso imponiéndolas.
El texto subraya que, cuando las personas buscan evitar dificultades que encuentran en la ley divina y deciden eludirla, pueden acabar delegando en las autoridades el poder de intervenir en responsabilidades íntimas del marido y la esposa.
En la misma clave, la cuestión ética de la fecundación artificial se inserta en un debate más amplio sobre quién decide acerca del inicio de la vida y con qué criterios antropológicos.
Dificultades técnicas, baja eficacia y sufrimiento
Desde la perspectiva del discernimiento ético aplicado a tecnologías reproductivas, la Pontificia Academia para la Vida ha señalado que, tras décadas de implantación de técnicas de reproducción asistida, se observa que su eficacia global no se traduce en un aumento sustancial del número total de nacimientos respecto a los ciclos de tratamiento.
El documento añade que ese dato, además de mostrar un fallo técnico fundamental cuando se comparan con otras terapias, suele implicar gran sufrimiento y frustración en las parejas que ven frustradas sus esperanzas de paternidad y maternidad por esta vía.
Y, junto a ello, se menciona un elemento ético práctico decisivo: la pérdida considerable de embriones humanos asociada a las dificultades para lograr implantación y desarrollo.