La ética católica distingue entre la valoración del acto y la complejidad humana de las circunstancias. Una mujer puede afrontar miedo, abandono, presión de otras personas o preocupación por su salud y por el bienestar de su familia. Estas situaciones pueden hacer que la decisión resulte trágica y dolorosa; no convierten, sin embargo, el aborto directo en una acción moralmente admisible. La respuesta cristiana debe atender a la verdad moral del acto y, a la vez, reconocer el sufrimiento y las presiones que pueden rodear a quien está embarazada.,
La doctrina rechaza también que el pronóstico de una vida futura difícil, la pobreza o la presencia de una anomalía permitan justificar la eliminación deliberada del no nacido. Los diagnósticos prenatales pueden servir para conocer y atender la salud de la madre y del hijo; en cambio, la selección prenatal que los utiliza para promover el aborto ante una anomalía responde a una finalidad eugenésica que la ética católica considera gravemente inmoral.,
Tratamientos médicos y muerte no querida del hijo
La doctrina diferencia el aborto directo de ciertos tratamientos médicos dirigidos a curar una enfermedad de la madre. Si una intervención terapéutica no busca en sí misma destruir al hijo, sino tratar una patología materna, y la muerte del no nacido sobreviene como consecuencia indirecta, no querida ni utilizada como medio, la situación moral no equivale al aborto directo. La finalidad del tratamiento, el tipo de intervención y la relación entre el efecto buscado y la muerte prevista resultan decisivos para valorar el caso.
Esta distinción no autoriza a presentar como tratamiento indirecto una intervención cuyo objeto sea acabar deliberadamente con la vida del hijo. La doctrina considera ilícito el llamado aborto «terapéutico» cuando la muerte del no nacido constituye el efecto directamente buscado. En cambio, reconoce que puede haber tratamientos necesarios para la salud de la madre cuyo efecto secundario sea la muerte del hijo, siempre que la intervención no tenga carácter abortivo en sí misma y que esa muerte no se quiera ni como fin ni como medio.