Procedimientos terapéuticos frente a selección no terapéutica
El Catecismo contempla la licitud de ciertas actuaciones sobre el embrión, siempre que se trate de procedimientos terapéuticos que respeten la vida e integridad del embrión y no conlleven riesgos desproporcionados, estando dirigidos a la curación, mejora del estado de salud o supervivencia individual.
En cambio, se considera inmoral producir embriones destinados a ser utilizados como «material biológico desechable».
Además, se afirma que ciertos intentos de influir la herencia cromosómica o genética no son terapéuticos, sino que buscan producir seres humanos seleccionados según el sexo u otras cualidades predeterminadas. Estas manipulaciones se califican como contrarias a la dignidad personal, a la integridad y a la identidad del ser humano, que es única e irrepetible.
«Eugenesia selectiva» y supresión de embriones o fetos
En una intervención dirigida a la Pontificia Academia para la Vida, el papa Juan Pablo II denuncia el crecimiento de una «nueva eugenesia selectiva» que conduce a la supresión de embriones y fetos que padecen alguna enfermedad. Se señala también el uso de teorías sobre supuestas diferencias antropológicas y éticas entre etapas del desarrollo prenatal, y se critica el recurso a una noción errónea de «calidad de vida» por encima de la sacralidad de la vida.
En la misma línea, se subraya la necesidad de que los derechos ligados a la protección del genoma y al derecho a la vida se apliquen a todo ser humano desde la fecundación, sin discriminación por imperfecciones genéticas, defectos físicos o etapas del desarrollo prenatal.