La figura de Eva se presenta en los primeros capítulos del Génesis, donde se detalla su creación y su papel en los eventos fundacionales de la humanidad.
Creación de Eva
El primer relato de la creación en Génesis 1 establece que la humanidad fue creada «hombre y mujer»1. El segundo relato, más detallado (Génesis 2), describe la formación de Eva. Dios, al observar la soledad de Adán y su incapacidad para encontrar una compañera adecuada entre los animales, decide crearle una ayuda semejante a él. Adán reconoce en Eva a alguien «hueso de mis huesos y carne de mi carne», lo que subraya su íntima unión y dependencia mutua1,3. La creación de Eva a partir de la costilla de Adán simboliza su igualdad en dignidad como persona, al mismo tiempo que resalta su diferencia y complementariedad, formando la primera comunidad humana3. Este acto creativo especial para Eva indica su igualdad natural con Adán1.
La caída y la culpa
La narración bíblica de la Caída relata cómo la serpiente, identificada en la tradición judía posterior con Satanás, tienta a Eva. Se presume que la serpiente la tienta por ser la más débil de los dos1. Eva cede a la seducción y, a su vez, tienta a Adán, quien también desobedece a Dios al comer del fruto prohibido1. Tras la transgresión, sus ojos se abren de una manera inesperada: experimentan vergüenza y remordimiento, intentando esconderse de la presencia divina. Como consecuencia de su participación en el pecado, Eva (y la mujer en general) es sentenciada a una vida de dolor en el parto y a estar bajo el dominio de su marido1. Este dominio, sin embargo, representa una ruptura de la igualdad original y una amenaza a la dignidad personal de ambos, especialmente de la mujer2.

