Crecimiento numérico
Pío XII presenta una valoración estadística de la expansión misionera desde 1926. En aquel año existían unas cuatrocientas misiones; en 1951 la cifra se aproximaba a seiscientas. El número de católicos en los territorios de misión había aumentado de quince millones a casi veinte millones ochocientos mil. También había crecido el número de sacerdotes nativos y extranjeros, que pasó de unos catorce mil ochocientos a más de veintiséis mil ochocientos.
La encíclica interpreta estos datos como signos de una progresiva universalización visible de la Iglesia. Mientras en 1926 todos los obispos de las misiones eran extranjeros, durante los veinticinco años siguientes ochenta y ocho misiones habían sido confiadas al clero nativo. Además, el nombramiento de obispos autóctonos y el establecimiento de jerarquías eclesiásticas propias manifestaban que el cristianismo no pertenecía a una nación concreta, sino que poseía una auténtica vocación católica y universal.
Formación sacerdotal y educativa
La expansión misionera incluía la consolidación de seminarios menores y mayores. El número de alumnos de los seminarios mayores había aumentado desde mil setecientos, veinticinco años antes, hasta cuatro mil trescientos. También habían surgido diversos seminarios regionales destinados a proporcionar una formación más adecuada a las necesidades de cada área.
En Roma, el Colegio de San Pedro recibió medios para ofrecer a los sacerdotes nativos una preparación teológica, moral y apostólica más profunda y adaptada. Junto al Colegio de Propaganda Fide también se fundó un instituto misionero.
Pío XII relaciona la formación intelectual con la santidad sacerdotal y el espíritu apostólico. La preparación de los candidatos nativos no debía reducirse a aumentar el número de ordenaciones: debía formar sacerdotes dispuestos a entregar la vida por la evangelización y el bien espiritual de sus propios pueblos.
Obras educativas, sanitarias y apostólicas
La actividad misionera comprendía también universidades, escuelas, dispensarios y hospitales. La encíclica registra el crecimiento de los centros de enseñanza secundaria, de las escuelas primarias y de las instituciones sanitarias, que atendían a enfermos de distintas condiciones, incluidos los leprosos.
Pío XII menciona también la expansión de la Unión Misional del Clero, la creación del servicio informativo Fides, el aumento de las publicaciones misioneras y la celebración de congresos misioneros y eucarísticos. También recuerda la institución de una jornada anual destinada a promover mediante la oración y las limosnas la Obra Pontificia de la Santa Infancia.
Estas iniciativas muestran una concepción amplia de la misión. La evangelización incluía la predicación y la administración de los sacramentos, pero también la educación, la atención sanitaria, la formación del clero y la cooperación espiritual y económica de los católicos de todo el mundo.