El Evangelio de Marcos se puede dividir en varias secciones principales que delinean el ministerio de Jesús:
Preparación para el Ministerio (Marcos 1:1-13)
El evangelio comienza con la predicación de Juan el Bautista, quien prepara el camino para el Señor, cumpliendo las profecías de Isaías,. Juan proclama un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Jesús es bautizado por Juan en el Jordán, momento en que los cielos se abren, el Espíritu Santo desciende sobre Él como una paloma, y una voz del cielo lo declara Su Hijo amado. Inmediatamente después, el Espíritu lo lleva al desierto, donde es tentado por Satanás durante cuarenta días.
Ministerio en Galilea (Marcos 1:14-7:23)
Tras el arresto de Juan, Jesús comienza a proclamar el evangelio de Dios en Galilea, diciendo: «El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio». En esta sección, Jesús llama a sus primeros discípulos, Simón, Andrés, Santiago y Juan, a quienes promete hacer «pescadores de hombres». Su ministerio incluye la enseñanza con autoridad en las sinagogas, la expulsión de espíritus inmundos, la curación de enfermos como la suegra de Simón, y la sanación de un leproso. Marcos destaca que Jesús enseña con una autoridad que asombra a la gente, a diferencia de los escribas. La proclamación del reino se desarrolla a través de una «economía» de palabras y acciones de Jesús.
Viajes Fuera de Galilea y Creciente Incomprensión (Marcos 7:24-10:52)
En esta parte, Jesús extiende su ministerio a regiones gentiles, como Tiro, Sidón y la Decápolis. Se narran milagros como la curación de la hija de la mujer sirofenicia y la sanación del sordomudo. Sin embargo, la incomprensión de los discípulos sobre la identidad y misión de Jesús se hace más evidente. Jesús predice su pasión, muerte y resurrección en tres ocasiones, pero los discípulos luchan por comprender el significado de su sufrimiento. La historia del ciego Bartimeo, que recupera la vista, se inserta en este contexto de ceguera y visión, sirviendo como un símbolo de la necesidad de reconocer a Jesús y seguirle.
Camino a Jerusalén y Pasión (Marcos 11:1-15:47)
Jesús entra triunfalmente en Jerusalén, pero su ministerio se dirige hacia la confrontación con las autoridades judías. En esta sección, Jesús enseña en el Templo, purifica el Templo expulsando a los mercaderes, y se enfrenta a los escribas y fariseos con parábolas y enseñanzas sobre el Reino de Dios. La Última Cena, la traición de Judas, la negación de Pedro, el juicio ante el Sanedrín y Pilato, la crucifixión y la muerte de Jesús son narradas con un enfoque en su sufrimiento y su cumplimiento de las Escrituras. El grito de Jesús en la cruz, «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», aunque denota agonía, se interpreta en el contexto de la tradición judía como una expresión de expectativa de vindicación divina, refiriéndose al Salmo 22.
Resurrección (Marcos 16:1-8)
El evangelio concluye con el descubrimiento del sepulcro vacío por María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé. Un joven vestido de blanco les anuncia que Jesús ha resucitado y que irá delante de ellos a Galilea. Sin embargo, las mujeres huyen del sepulcro, llenas de temblor y asombro, y no dicen nada a nadie, porque tenían miedo. Este final original de Marcos enfatiza la incomprensión de los discípulos y la condición fundamental requerida para ver a Jesús resucitado: seguirle humildemente por el camino que ha trazado para nosotros, sin tratar su resurrección como una vindicación final o un lugar de descanso.