La tradición cristiana, desde los primeros siglos, ha atribuido unánimemente el Evangelio de Mateo al apóstol Mateo, también conocido como Leví, un publicano (recaudador de impuestos) que fue llamado por Jesús para ser uno de sus doce discípulos1. Orígenes de Alejandría, en el siglo III, afirmó que el Evangelio según Mateo fue escrito primero y compuesto en lengua hebrea para los conversos del judaísmo1,2. Esta tradición es también respaldada por Eusebio, quien cita a Papías diciendo que Mateo recopiló los logia (dichos o máximas de Jesús) en hebreo (arameo), y que cada uno los tradujo lo mejor que pudo3.
La Comisión Bíblica Pontificia, en 1911, sostuvo que Mateo, apóstol de Cristo, es el verdadero autor del Evangelio que lleva su nombre y que fue escrito en la lengua materna de los judíos de Palestina3. Aunque el evangelio que poseemos hoy está en griego, la creencia de que Mateo precedió a los otros evangelistas en la escritura y que el primer evangelio fue escrito en hebreo se considera basada en la Tradición3.
En cuanto a la fecha de composición, los críticos han propuesto diversas fechas. Algunos argumentos sugieren que fue escrito antes del año 70 d.C., ya que no hay una descripción explícita de la destrucción de Jerusalén como un evento pasado, sino como una profecía futura3. Por ejemplo, la advertencia en Mateo 24:15 sobre la «abominación de la desolación» invita al lector a huir de Judea, lo cual no tendría sentido si Jerusalén ya hubiera sido destruida3. Otros estudiosos lo sitúan entre los años 60 y 70 d.C.3.

