El término sinóptico, derivado del griego syn (junto) y optikos (ver), se aplica a los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas porque pueden ser leídos y comparados «en conjunto» debido a sus extensas concordancias1,2. Esta característica permite una visión simultánea de los relatos de la vida, ministerio, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo desde perspectivas que, aunque distintas, son complementarias1.
La Iglesia Católica reconoce la historicidad de los Evangelios, basándose en la doctrina de la inspiración de la Escritura y la veracidad de su narración3. Los evangelistas, aunque con un propósito catequético, transmiten un testimonio histórico fidedigno de la vida de Cristo4. A lo largo de los siglos, se han identificado diversas fuentes que pudieron influir en su composición:
La fuente Q: Un hipotético documento, del alemán Quelle («fuente»), que se cree contenía principalmente dichos y parábolas de Jesús, y que habría sido utilizado por Mateo y Lucas5.
El Evangelio de Marcos: La mayoría de los estudiosos modernos lo consideran el evangelio más antiguo y una fuente principal para Mateo y Lucas4,5,6.
Fuentes propias: Cada evangelista también incorporó material único y adaptó el mensaje a su audiencia específica. Mateo, por ejemplo, se dirigió principalmente a judíos cristianos, mientras que Lucas escribió para gentiles7.
La diversidad de estas fuentes no contradice la inspiración divina de los textos, sino que enriquece la comprensión del mensaje de Cristo8.

