Evolución biológica y creación
La evolución biológica es una teoría científica que relaciona e interpreta datos y observaciones dentro de una explicación general. Como cualquier teoría científica, debe contrastarse con los hechos y revisarse cuando deja de explicarlos adecuadamente. San Juan Pablo II observó que conviene hablar de teorías de la evolución, en plural, porque existen distintas explicaciones de sus mecanismos y distintas filosofías asociadas a ellas.2
La doctrina cristiana de la creación responde a una cuestión distinta: no describe una secuencia de cambios biológicos, sino la dependencia radical de todo lo que existe respecto de Dios. Benedicto XVI explicó que la creación no equivale a un acontecimiento situado solo al comienzo de la historia del universo; expresa también que Dios sostiene continuamente a las criaturas y los procesos del mundo. Por ello, afirmar que los seres vivos evolucionan no responde por sí solo a la pregunta metafísica de por qué existe el mundo.3
La evolución describe procesos dentro de la naturaleza. La creación, en cambio, designa la relación fundamental entre la criatura y el Creador. Benedicto XVI, siguiendo a santo Tomás de Aquino, distinguió la creación de un movimiento o una transformación: Dios es causa de todo ser y de todo devenir, no un elemento más dentro de la sucesión de causas naturales.3
Ciencia, filosofía y teología
La investigación científica estudia fenómenos observables mediante sus propios métodos. La filosofía examina, entre otras cuestiones, los presupuestos y el alcance de las explicaciones científicas; la teología reflexiona sobre la realidad a la luz de la revelación. San Juan Pablo II señaló que una teoría científica puede apoyarse en conceptos filosóficos y que la valoración de las interpretaciones materialistas, reduccionistas o espiritualistas corresponde también a la filosofía y a la teología.2
Esta distinción no establece una oposición entre disciplinas ni autoriza a la teología a sustituir la investigación empírica. La Iglesia sostiene que la fe y los conocimientos científicos no se contradicen cuando cada ámbito respeta la naturaleza de sus preguntas y sus métodos. Benedicto XVI presentó la creación y la evidencia de las ciencias empíricas como perspectivas compatibles, aunque diferentes, sobre el mundo.3


