La expresión latina Ex corde Ecclesiae procede del inicio del documento y alude a la relación vital entre la Iglesia y la institución universitaria católica. La constitución apostólica presenta la universidad católica como una realidad nacida «del corazón de la Iglesia» y orientada a servir tanto a la comunidad eclesial como a la sociedad civil.
Juan Pablo II publicó la constitución en un contexto marcado por la creciente especialización de los saberes, la fragmentación de las disciplinas académicas y la necesidad de renovar el diálogo entre la fe, la razón, la cultura y las ciencias. El papa consideraba la vida universitaria un ámbito privilegiado para la búsqueda desinteresada de la verdad y para la formación de personas capaces de actuar rectamente y servir mejor a la humanidad.2
El documento desarrolla dos grandes partes:
- Identidad y misión de la universidad católica.
- Normas generales aplicables a las universidades católicas y a los institutos católicos de estudios superiores.
La constitución incluye también normas relativas a su aplicación, adaptación y entrada en vigor.
