El obstáculo a la gracia
La persona adulta necesita recibir el sacramento con las disposiciones requeridas. La falta de fe perfecta no destruye siempre la validez del sacramento, pero una oposición consciente a la gracia puede impedir su fruto. La tradición describe esta oposición como un obstáculo o impedimento interior.
Las disposiciones pueden incluir:
- La ausencia de rechazo deliberado del sacramento.
- La intención de recibir aquello que Cristo ofrece.
- La fe necesaria según la naturaleza del sacramento.
- El arrepentimiento de los pecados cuando la celebración lo exige.
- La apertura a la acción de la gracia.
- La cooperación posterior con la vida cristiana.
Estas condiciones actúan como preparación y disposición, no como causas independientes de la gracia. La gracia procede de Cristo; la persona la recibe de manera más o menos fructuosa según su apertura y cooperación.,
Ejemplos sacramentales
En el Bautismo de un niño, la Iglesia confiesa que el sacramento comunica la gracia bautismal aunque el niño todavía no pueda realizar actos personales de fe. La fe de la Iglesia y la acción de Cristo sostienen la celebración; más adelante, el bautizado deberá desarrollar personalmente esa fe.
En el Bautismo de un adulto, la Iglesia exige una preparación catequética y una disposición de fe y conversión. La gracia no nace de la intensidad psicológica de esos actos, pero la persona necesita acoger libremente el don bautismal.
En la Penitencia, la absolución sacramental posee su eficacia propia cuando el ministro actúa válidamente, pero el penitente debe acudir con contrición, aunque esta pueda presentar grados diversos. Una persona que rechaza deliberadamente el arrepentimiento no recibe el fruto reconciliador del sacramento, aunque una deficiencia involuntaria en sus sentimientos no equivalga necesariamente a una ausencia total de disposición.
En la Eucaristía, la consagración no depende de la santidad subjetiva del sacerdote. Sin embargo, quien comulga debe evitar recibir indignamente el Cuerpo de Cristo. La recepción fructuosa requiere la debida disposición espiritual, mientras que la recepción sacramental y el fruto interior no constituyen realidades idénticas.
En la Unción de los enfermos, la gracia sacramental alcanza al enfermo conforme a la voluntad de Cristo y a las condiciones del sacramento. La incapacidad física para expresar exteriormente la fe no equivale por sí misma a un rechazo interior de la gracia.