Cuando el examen se realiza específicamente en relación con la confesión, pueden servir preguntas que ayudan a pasar de lo vago a lo concreto. En un esquema litúrgico se propone cuestionarse, antes de acercarse al sacramento, por la intención con la que se accede: si se busca la purificación, la conversión, la renovación de vida y la amistad más profunda con Dios, o si se considera la confesión como un peso que se recibe sólo excepcionalmente.
También se pregunta si se omitieron conscientemente o se olvidaron pecados graves en confesiones anteriores. Y se pide revisar si se cumplió la satisfacción impuesta, si se repararon las ofensas causadas y si se intentó llevar a la práctica el propósito de enmendar la vida según el Evangelio.
El esquema propone examinar la vida «en la luz de la Palabra de Dios», empezando por el amor a Dios con todo el corazón, y preguntando por la dirección fundamental del corazón: si se orienta verdaderamente a Dios o si la preocupación se concentra en realidades temporales.
También sugiere revisar la fe, la adhesión a la enseñanza de la Iglesia, el cuidado por la catequesis y por evitar lo que daña la fe; además, si la profesión cristiana se ha hecho sin temor.
Desde el punto de vista de la vida cotidiana, se incluyen preguntas sobre la oración (si se han cumplido oraciones matutinas y vespertinas, y si la oración fue verdadera conversación interior con Dios o sólo rito externo), así como el uso del tiempo y la fidelidad en el servicio.
El examen además puede contemplar deberes de justicia y caridad, por ejemplo: si se actuó con rectitud, si hubo obediencia a autoridades legítimas con respeto debido, si se practicó la verdad y la fidelidad o si se incurrió en palabras falsas, calumnia, detracción o juicio temerario, y si se causó daño a la vida, integridad física, fama u honor del prójimo.
Se contemplan también responsabilidades sobre bienes ajenos (si se sustrajo, si hubo deseo injusto o daños, y si se procuró la restitución y reparación del daño), así como el ánimo ante las ofensas: si se buscó la paz con amor a Cristo y perdón, o si permaneció el odio y el deseo de venganza.
Por último, el esquema sugiere revisar el uso del tiempo y las fuerzas, los dones recibidos, el combate contra vicios y pasiones, y el modo de aceptar dolores y contrariedades; todo ello en relación con la voluntad de Dios.