La palabra exhortación procede del latín exhortatio, que significa aliento, invitación o estímulo. En el lenguaje pontificio, la exhortación apostólica no constituye una simple carta privada ni un texto meramente devocional. Forma parte de los documentos oficiales mediante los cuales el Papa ejerce su ministerio de enseñanza y gobierno.
Su finalidad habitual consiste en:
- Fortalecer la fe y la vida cristiana.
- Impulsar la conversión personal y comunitaria.
- Orientar la acción pastoral de la Iglesia.
- Ofrecer criterios para el discernimiento de cuestiones eclesiales o sociales.
- Aplicar las conclusiones de un Sínodo.
- Animar a los fieles a asumir una misión concreta.
Juan Pablo II describió la finalidad de una de sus exhortaciones como el fortalecimiento de la fe y de la vida cristiana, la renovación de las iniciativas pastorales y la difusión del anuncio de Cristo.1
El género suele combinar exposición doctrinal, exhortación espiritual y orientación pastoral. Por ello, una exhortación puede incluir reflexiones teológicas, referencias a la Sagrada Escritura, llamadas a la conversión, propuestas para la vida eclesial y criterios de discernimiento.
