Antecedentes políticos y sociales
Tras la división del reino de Israel en los reinos de Judá y de Israel, las potencias vecinas —Asiria, Egipto y, finalmente, Babilonia— ejercieron una presión creciente. El asedio de Jerusalén por Nabucodonosor II culminó en la destrucción del Templo y la deportación de la élite judía a Babilonia1.
La caída de Jerusalén
El libro de 2 Crónicas describe cómo «el Señor tomó a los que escapaban del filo de la espada y los puso en servidumbre en Babilonia»2, señalando que este castigo respondía a la infidelidad del pueblo y a su idolatría (cf. Jer 25:11‑12)3.
