La Iglesia llama exorcismo a la oración pública y autorizada mediante la cual pide, en nombre de Jesucristo, que una persona o una realidad quede protegida frente al poder del Maligno y sea liberada de su dominio. Jesucristo ejerció exorcismos y confió a la Iglesia la potestad de expulsar demonios.1
El exorcismo mayor constituye la forma solemne del exorcismo. Su finalidad específica consiste en pedir la expulsión de los demonios o la liberación de una persona sometida a una auténtica posesión diabólica. La Iglesia ejerce esta acción mediante la autoridad espiritual recibida de Cristo, no mediante poderes personales del exorcista.2
Un sacramental, no un sacramento
El exorcismo mayor pertenece estrictamente al género de los sacramentales. Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia que significan efectos espirituales y los obtienen principalmente por la impetración de la Iglesia.2
Por tanto, el exorcismo mayor no es:
- Un sacramento de la Nueva Alianza.
- Una sustitución del Bautismo, la Confirmación, la Penitencia o la Unción de los enfermos.
- Una técnica psicológica.
- Un procedimiento mágico.
- Una oración privada que cualquier persona pueda dirigir ritualmente contra el demonio.
Santo Tomás de Aquino ya distinguía entre sacramentos y sacramentales: el exorcismo no produce por sí mismo la gracia propia de los sacramentos, sino que dispone a la persona y remueve obstáculos para recibir la acción divina. Por ello pertenece a los sacramentales y no a los sacramentos.3

