Escrituras que sustentan el exorcismo
Los Evangelios registran que Jesús expulsó demonios con autoridad divina (por ejemplo, Mateo 8, 28‑34; Marcos 5, 7‑8). Estas acciones establecen el modelo para la Iglesia, que actúa «en nombre de Jesús» al pedir la protección contra el maligno1.
Desarrollo histórico en la Iglesia primitiva
Desde los Padres de la Iglesia, como San Juan Crisóstomo y San Atanasio, se reconoció la necesidad de combatir la influencia demoníaca mediante la oración y la confesión. El Concilio de Trento afirmó la autoridad eclesial para expulsar demonios, fundamento que se conserva en el Ritual Romano y en el Catecismo2.
