Exorcismo menor
El exorcismo menor:
- Forma parte principalmente de la iniciación cristiana.
- Pide la liberación de la influencia del mal y del pecado.
- No presupone una posesión diabólica.
- Corresponde al ministro autorizado del rito litúrgico concreto.
- Emplea las fórmulas aprobadas por los libros litúrgicos.
La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos resume esta diferencia al describir los exorcismos menores como oraciones destinadas a quebrar la influencia del mal y del pecado en la vida de los catecúmenos y de los fieles bautizados.
Exorcismo mayor
El exorcismo mayor, también llamado exorcismo solemne, afronta exclusivamente los casos en los que existe una fundada sospecha de posesión diabólica. La Iglesia no identifica automáticamente la posesión con una enfermedad mental, un trastorno neurológico, una crisis psicológica, una adicción o una conducta extraña.
El discernimiento exige prudencia, investigación y colaboración con profesionales de la salud. El Catecismo diferencia expresamente la acción del demonio de las enfermedades, incluidas las enfermedades psicológicas, cuyo tratamiento corresponde a la medicina. Antes de autorizar un exorcismo mayor, la autoridad eclesiástica debe procurar que la situación no tenga una explicación médica o psicológica suficiente.
El Código de Derecho Canónico reserva el exorcismo sobre los posesos a un sacerdote que haya recibido permiso especial y expreso del Ordinario del lugar. El obispo únicamente debe concederlo a un sacerdote dotado de piedad, ciencia, prudencia e integridad de vida.
Oraciones de liberación
La expresión oración de liberación posee un uso pastoral amplio. Puede designar una súplica dirigida a Dios para pedir fortaleza frente al pecado, una adicción, una tentación, una opresión espiritual o una situación de sufrimiento. También puede incluir intercesiones a Cristo, a la Virgen María, a los ángeles y a los santos.
Una oración de liberación no constituye un exorcismo en sentido estricto cuando carece de la forma litúrgica y de la autoridad propias del rito exorcístico. La distinción resulta especialmente necesaria cuando una persona dirige mandatos al demonio, intenta identificarlo o pretende expulsarlo sin la autorización requerida.
La Congregación para la Doctrina de la Fe pidió a los obispos que impidieran el uso privado, por parte de los fieles, de fórmulas de exorcismo dirigidas contra Satanás y los ángeles caídos. También pidió vigilancia sobre reuniones en las que personas sin la facultad necesaria interrogan directamente a los demonios o buscan conocer su identidad. Esta disciplina no prohíbe pedir a Dios la liberación del mal, como enseña el padrenuestro.