Orígenes antiguos
El himno tiene sus raíces en la liturgia de la Iglesia primitiva. Ya en el siglo IV se utilizaba una forma de praeconium (anuncio) para proclamar la alegría pascual, y la Liber Pontificalis atribuye su introducción en la Iglesia de Roma al papa Zósimo1. Fuentes externas a Roma —Italia, Galia y España— también evidencian el uso temprano de la vela pascual y del canto de alabanza al Cristo resucitado1.
Evolución del texto
El título oficial del himno en el Misal es Praeconium, aunque la fórmula que ha perdurado es la que hoy conocemos como Exultet. A lo largo de los siglos, distintas versiones litúrgicas coexistieron (por ejemplo, la oración «Deus mundi conditor» del Gelasian Sacramentary), pero la forma actual sobrevivió mientras otras desaparecían1.
Reforma litúrgica moderna
Tras el Concilio Vaticano II, la reforma del Misal romano mantuvo el Exultet como elemento esencial de la Vigilia Pascual, garantizando su integridad textual y musical. La edición típica tercera del Misal (2011) describe el rito de la proclamación y las condiciones bajo las cuales puede ser cantado por un sacerdote o, en caso de necesidad, por un cantor laico, con pequeñas adaptaciones del texto2.
