La exhortación apostólica Familiaris Consortio (en latín, «La comunidad familiar») fue promulgada por el Papa Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1981, tras la V Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en Roma del 26 de septiembre al 25 de octubre de 19801,2. Este Sínodo tuvo como tema «Los deberes de la familia cristiana en el mundo de hoy»1,3. El documento se presenta como una continuación natural de los sínodos precedentes y de la enseñanza del Concilio Vaticano II, especialmente la constitución pastoral Gaudium et Spes, que ya había abordado la dignidad del matrimonio y la familia4.
El Papa Juan Pablo II, al asumir su ministerio apostólico, consideró la familia como «el primer y principal camino de la Iglesia»5. Reconoció que la familia moderna se enfrentaba a profundos y rápidos cambios sociales y culturales, lo que generaba incertidumbre y desafíos para muchas parejas6. Por ello, la Iglesia, consciente del valor inestimable del matrimonio y la familia, buscó ofrecer su ayuda y orientación a quienes vivían fielmente estos valores, a quienes buscaban la verdad y a quienes se veían impedidos de vivir libremente su vida familiar6.
El Sínodo de 1980 no solo discutió y estudió el problema de la familia, sino que también lo «sufrió» en cierto sentido, debido a la tensión entre el ideal divino de la familia y las diversas dificultades y conflictos humanos7. Los Padres sinodales presentaron al Papa una serie de propuestas, pidiéndole que fuera el portavoz de la Iglesia ante la humanidad y que proporcionara indicaciones para un renovado esfuerzo pastoral en este sector fundamental2. Familiaris Consortio es, en esencia, la respuesta del Papa a esta petición, constituyendo lo que él mismo denominó el «abc» de la pastoral familiar, un documento que debe ser leído y estudiado asiduamente7.

