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Fariseos

Los fariseos fueron un movimiento religioso judío de la época del Segundo Templo, especialmente influyente en Palestina durante el siglo I. Defendían la observancia de la Torá -la Ley de Moisés- y reconocían, junto a la Ley escrita, tradiciones de interpretación transmitidas oralmente. Los Evangelios narran frecuentes controversias entre algunos fariseos y Jesús, pero también describen encuentros cordiales y enseñanzas compartidas; por ello, no conviene reducir el grupo a una caricatura de hipocresía o legalismo.1,2,3

Christ Accused by the Pharisees (detail)
Ver información de la imagenCristo acusado por los fariseos (detalle). c. 1308. Galería Web de Arte: Imagen Información sobre la obra, "d/duccio/maesta/verso_2/verso12a", Duccio di Buoninsegna, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreFariseos
CategoríaMovimiento eclesial
DescripciónMovimiento religioso judío de la época del Segundo Templo, influyente en Palestina durante el siglo I. Defendían la observancia de la Torá y de tradiciones orales, destacando por su interpretación de la Ley y su rigor en la pureza legal
Referencias
Contexto HistóricoÉpoca del Segundo Templo, periodos de helenización y luchas macabeas, y tiempos de Jesús en Palestina.
EnseñanzasDefensa de la Torá escrita y la tradición oral, creencia en la resurrección de los muertos y en la existencia de ángeles.
HistoriaTomaron forma en los últimos siglos antes de Cristo; tras la destrucción del Templo en el año 70, su legado contribuyó de forma decisiva a la continuidad del judaísmo.
Personas RelacionadasJesús, Pablo de Tarso
TemaTorá, Saduceos, Esenios, Pureza ritual, Judaísmo rabínico

Tabla de contenido

Nombre y origen

El nombre fariseo suele relacionarse con una raíz semítica que expresa separación. La interpretación exacta del término y el alcance de esa separación son objeto de discusión: podía aludir a la voluntad de apartarse de prácticas consideradas contrarias a la Ley, aunque no implica que los fariseos vivieran aislados de la sociedad. La Comisión Bíblica Pontificia vincula el nombre, probablemente, con su distanciamiento de la secularización de la dinastía asmonea.1

El movimiento tomó forma en los últimos siglos antes de Cristo, en un contexto de cambios políticos y culturales que afectaban a la vida judía. La presión de la cultura helenística y las luchas de la época macabea intensificaron el debate sobre cómo conservar la identidad religiosa de Israel. Los fariseos no constituían un grupo sacerdotal: su importancia radicaba, sobre todo, en la interpretación y práctica de la Ley.1,4

Enseñanzas y prácticas

La Torá y la tradición oral

Los fariseos concedían autoridad a la Ley escrita y también a una tradición oral que ofrecía criterios para aplicarla a las circunstancias concretas de la vida. Esa tradición ayudaba a precisar la observancia de la Torá, incluida la pureza ritual. La Comisión Bíblica Pontificia describe su empeño como una práctica rigurosa de la pureza legal en medio de la vida ordinaria, mediante disposiciones consuetudinarias que precisaban la Ley escrita.1,5

La relación entre la Ley escrita y la tradición oral distinguía a los fariseos de los saduceos, que concedían prioridad a la Ley escrita. También los diferenciaba de los esenios, cuyas interpretaciones eran más estrictas en ciertos aspectos. Estas diferencias formaban parte de la diversidad religiosa del judaísmo del Segundo Templo, y no deben confundirse con divisiones entre religiones distintas.1,5

Pureza y vida cotidiana

La observancia de las normas de pureza no se limitaba al culto del Templo. Los fariseos procuraban incorporarla a la vida diaria, de modo que la fidelidad religiosa alcanzara las acciones cotidianas. Su influencia entre la población fue considerable, especialmente en las ciudades, y los Evangelios los presentan con frecuencia como interlocutores de Jesús en cuestiones de interpretación y práctica religiosa.5,3

Resurrección y ángeles

Los fariseos profesaban la resurrección de los muertos y la existencia de los ángeles. Estas creencias los distinguían de los saduceos y aparecen también en el debate narrado en los Hechos de los Apóstoles. El cristianismo primitivo compartía con los fariseos algunas de estas convicciones, aunque las interpretaba desde la fe en Jesucristo resucitado.1

Los fariseos en tiempos de Jesús

Durante la vida pública de Jesús, los fariseos constituían uno de los grupos religiosos más influyentes. La Comisión Bíblica Pontificia recoge que Josefo los describe como una corriente importante en las ciudades; esa relevancia ayuda a explicar por qué los Evangelios los muestran a menudo en controversia con Jesús.3

Las disputas evangélicas se centran en cuestiones como la observancia del sábado, la pureza, las tradiciones y la autoridad para interpretar la Ley. Jesús cuestiona las prácticas que, a su juicio, podían anteponer reglas humanas al sentido profundo de los mandamientos o separar la apariencia religiosa de la conducta moral. En el Evangelio según san Mateo, por ejemplo, denuncia la distancia entre enseñar y cumplir lo enseñado.4

Sin embargo, los Evangelios no describen una hostilidad uniforme. Algunos fariseos advierten a Jesús del peligro que corre; Jesús comparte la mesa con fariseos en más de una ocasión y elogia al escriba que comprende la primacía del amor a Dios y al prójimo. También coincide con ellos en aspectos importantes de la fe y la piedad, como la resurrección, la oración, el ayuno, la limosna y la invocación de Dios como Padre.2

Por tanto, las críticas de Jesús deben leerse como controversias concretas dentro del judaísmo de su tiempo, no como una condena indiscriminada de todos los fariseos ni del pueblo judío. La Comisión Bíblica Pontificia advierte, además, que la presentación evangélica pudo recibir la influencia de polémicas posteriores entre cristianos y judíos, aunque reconoce que en tiempos de Jesús hubo fariseos cuya enseñanza moral merecía aprobación.3

Pablo de Tarso

Pablo afirma que perteneció al grupo de los fariseos y que fue celoso de las tradiciones de sus antepasados. Antes de su conversión al cristianismo persiguió a la Iglesia, hecho que él mismo recuerda y que la Comisión Bíblica Pontificia relaciona con los excesos a los que podía llevar un celo religioso mal orientado. Su trayectoria muestra que la pertenencia farisea no impedía, por sí sola, una posterior adhesión a la fe cristiana.3

Después de la destrucción del Templo

La destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 tuvo consecuencias profundas para el judaísmo. La Comisión Bíblica Pontificia atribuye al fariseísmo un papel decisivo en la continuidad de la vida judía tras la desaparición del culto del Templo y del sacerdocio aarónico: la fidelidad a la Torá, la vida moral y el culto sinagogal contribuyeron a preservar la unidad del judaísmo.5

El judaísmo rabínico posterior heredó elementos importantes de la tradición farisea, aunque no debe identificarse sin más con el movimiento fariseo del siglo I. Las interpretaciones legales rabínicas se desarrollaron en un periodo posterior y reflejan una evolución histórica de larga duración. La Comisión Bíblica Pontificia también previene contra la identificación automática de las tradiciones recogidas en la Misná, compilada hacia el año 200, con las opiniones exactas de los fariseos contemporáneos de Jesús.3

Valoración cristiana

La lectura cristiana de los fariseos exige distinguir entre las controversias que narran los Evangelios y el valor de la tradición judía de la que surgieron. Jesús critica la hipocresía y la incoherencia cuando aparecen, pero también reconoce enseñanzas fariseas conformes con la voluntad de Dios y mantiene relaciones de diálogo con algunos de sus miembros. El Catecismo de la Iglesia Católica recalca expresamente que sus relaciones con los fariseos no fueron exclusivamente polémicas.2

En consecuencia, fariseo no debe utilizarse como sinónimo general de hipócrita. En los Evangelios, la crítica apunta a comportamientos y actitudes concretos; históricamente, los fariseos fueron una corriente judía diversa, comprometida con la interpretación de la Ley y con la continuidad de la vida religiosa de Israel.1,5,3

Citas y referencias

  1. III. - Los judíos en el Nuevo Testamento - A. Distintos puntos de vista dentro del judaísmo postexílico - 1. Los últimos siglos antes de Jesucristo, Pontificia Comisión Bíblica. El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 66 (2002). 2 3 4 5 6 7
  2. Capítulo dos: Creo en Jesucristo, el Hijo único de Dios, Catecismo de la Iglesia Católica, 575 (1992). 2 3
  3. III. - Los judíos en el Nuevo Testamento - A. Distintos puntos de vista dentro del judaísmo postexílico - 2. El primer tercio del siglo I d. C. en Palestina, Pontificia Comisión Bíblica. El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 67 (2002). 2 3 4 5 6 7
  4. Fariseos, Enciclopedia Católica, Fariseos (1913). 2
  5. A. Los testimonios sucesivos de los escritos bíblicos - II. Del Antiguo al Nuevo Testamento - 1. Unidad y diversidad del judaísmo en la época del Segundo Templo, Pontificia Comisión Bíblica. Unidad y diversidad en la Iglesia, Unidad y diversidad en la Iglesia, II.1 (1988). 2 3 4 5
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