La enseñanza católica distingue fundamentalmente entre la anticoncepción y la planificación familiar natural (PFN).
Inmoralidad de la Anticoncepción
La Iglesia sostiene que cada acto de relación sexual debe permanecer abierto a la vida, y que la anticoncepción es objetivamente inmoral. La anticoncepción se define como cualquier intervención que, «sea en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, tenga como finalidad, ya sea como fin o como medio, hacer imposible la procreación». Tales intervenciones violan la «conexión inseparable, querida por Dios, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y procreativo».
Cuando las parejas usan anticonceptivos, ya sean físicos o químicos, suprimen su fertilidad, afirmando que solo ellos tienen el control último sobre este poder de crear una nueva vida humana. Esto se considera una falsificación del lenguaje corporal matrimonial completo. El uso de este don divino, privándolo, aunque sea parcialmente, de su significado y propósito, es repugnante a la naturaleza del hombre y de la mujer, y, por consiguiente, se opone al plan de Dios y a su santa voluntad.
La Planificación Familiar Natural (PFN)
En contraste, la Iglesia apoya firmemente la planificación familiar natural (PFN). Los métodos naturales de planificación familiar implican una educación sobre la fertilidad que permite a las parejas cooperar con el cuerpo tal como Dios lo diseñó. Esto no significa dejar el tamaño de la familia completamente al azar.
Si una pareja tiene una razón seria para evitar tener un hijo (como circunstancias financieras, físicas, psicológicas o responsabilidades con otros miembros de la familia), puede participar en la intimidad matrimonial durante los períodos naturalmente infértiles del ciclo de la mujer, o después de los años fértiles, sin violar el significado del acto conyugal,. Esto es posible porque la PFN enseña a la pareja a comprender y respetar la fertilidad del otro y a reconocer los períodos de fertilidad del cuerpo de la mujer.
La diferencia clave entre la anticoncepción y la PFN radica en el respeto por el diseño de Dios. Con la PFN, los cónyuges respetan el diseño de Dios para la vida y el amor. Pueden elegir abstenerse de la unión sexual durante el tiempo fértil de la mujer, sin hacer nada para destruir el significado de donación de amor o de vida presente en el acto. Esta es la diferencia entre elegir falsificar el lenguaje corporal matrimonial completo y elegir en ciertos momentos no hablar ese lenguaje.
La PFN requiere comunicación y compromiso, pero fortalece la unidad del matrimonio y fomenta cualidades como la autorrestricción, la autodisciplina, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida, lo que se extiende a todas las facetas de la relación matrimonial, haciéndola más íntima.
El Papa Pablo VI explicó que no hay inconsistencia en la doctrina de la Iglesia cuando considera lícito que las personas casadas aprovechen el período infértil, pero condena como siempre ilícito el uso de medios que impiden directamente la concepción,. En el primer caso, la pareja usa correctamente una facultad que les proporciona la naturaleza; en el segundo, obstruyen el desarrollo natural del proceso generativo,.