Situación de la Iglesia en la década de 1950
Tras la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia enfrentaba una escasez creciente de vocaciones y una disparidad marcada entre las diócesis «ricas» y las que necesitaban apoyo para sus misiones, sobre todo en el continente africano1. Los obispos expresaban preocupación por la falta de sacerdotes y la necesidad de una mayor cooperación internacional2.
Antecedentes de la Unión Misionera del Clero
Ya en 1919 el Papa Benedicto XV había pedido la creación de la Unión Misionera del Clero para orientar al clero hacia las misiones3. Posteriormente, el Papa Pío XI la recomendó y la extendió a diversas diócesis, subrayando su papel en la generación de recursos y en la formación de la conciencia misionera entre los sacerdotes4.
