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Fiesta de la Candelaria

La Fiesta de la Candelaria, celebrada el 2 de febrero, es el nombre popular de la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor. Conmemora la entrada de Jesucristo en el templo de Jerusalén, su presentación al Padre y el encuentro con Simeón y Ana. Aunque la tradición popular ha relacionado intensamente esta celebración con la Virgen María y con la bendición de las velas, su centro es Cristo, presentado como luz para iluminar a todos los pueblos.1,2

Die Darbietung Christi im Tempel Presentation at the Temple
Ver información de la imagenLa presentación de Jesús en el Templo, c. 1444. Andrea Mantegna, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreFiesta de la Candelaria
CategoríaEvento
DescripciónCelebración litúrgica de la Presentación del Señor con bendición y procesión de candelas. Presentación de Jesús en el templo como luz que ilumina a todas las naciones
Referencias
DesarrolloSe difundió al occidente en el siglo VI, adoptando costumbres penitenciales y marianas
Fecha de Celebración2 de febrero
OrganizadorCongregación para el Culto Divino
OrigenJerusalén, siglo IV, como celebración del cuadragésimo día tras la Natividad
SimbolismoLuz de Cristo representada por las candelas encendidas durante la procesión
TipoFiesta litúrgica

Tabla de contenido

Nombre y significado

La denominación oficial de la celebración es Presentación del Señor. El nombre tradicional de Candelaria procede de la importancia que adquirió la bendición y procesión de las candelas, es decir, de las velas que los fieles llevan encendidas durante la celebración.

Antes de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II, la fiesta recibió en Occidente el título de Purificación de la bienaventurada Virgen María. Desde 1969, la liturgia romana ha recuperado con mayor claridad su orientación cristológica, presentándola ante todo como la fiesta del Señor que entra en el templo y sale al encuentro de su pueblo.1,3

La tradición oriental la conoce como Hypapante, palabra griega que significa «encuentro». El término expresa el encuentro de Cristo con Simeón y Ana, representantes del pueblo de Israel que aguardaba la salvación, y también el encuentro de Dios con la humanidad en el templo.4,5

Fecha de la celebración

La Candelaria tiene lugar el 2 de febrero, cuarenta días después de la celebración de la Natividad del Señor. La fecha conserva la relación entre el nacimiento de Jesús y su presentación en el templo conforme a la Ley de Moisés.

Durante siglos, esta fiesta cerró el ciclo navideño en Occidente. La liturgia contempla todavía el vínculo entre Navidad, Epifanía y Presentación: el Hijo nacido en Belén entra en el templo, es reconocido como Salvador y aparece como la luz destinada a iluminar a Israel y a las naciones.1,3

Relato bíblico

El fundamento de la fiesta aparece en el segundo capítulo del Evangelio según san Lucas. Cuando llegó el tiempo establecido por la Ley, María y José llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor. El Evangelio relaciona este gesto con dos prescripciones de la Ley de Moisés: la consagración del primogénito y el rito de purificación de la madre.

Simeón, hombre justo y piadoso, esperaba «el consuelo de Israel». El Espíritu Santo le había revelado que no moriría antes de contemplar al Mesías del Señor. Cuando los padres llevaron al niño al templo, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios. Reconoció en Jesús la salvación preparada para todos los pueblos y proclamó que el niño sería:

  • Luz para iluminar a las naciones.
  • Gloria del pueblo de Israel.
  • Signo de contradicción.
  • Causa de la manifestación de los pensamientos ocultos del corazón.

El relato también presenta a Ana, profetisa de edad avanzada, dedicada al templo, al ayuno y a la oración. Al contemplar al niño, comenzó a alabar a Dios y habló de Jesús a quienes esperaban la redención de Jerusalén.6

La escena no constituye solo una visita familiar al templo. Lucas presenta a Jesús como el Mesías que entra en la casa de Dios y es reconocido por los representantes de Israel. Simeón y Ana no descubren solo a un niño: reconocen en él la presencia de la salvación divina.

Los cuarenta días después del nacimiento

La Ley de Moisés

La fecha de la fiesta guarda relación directa con el capítulo 12 del Levítico. La Ley establecía un periodo de purificación ritual después del nacimiento de un hijo. En el caso del nacimiento de un varón, la madre debía permanecer apartada durante siete días y completar después otros treinta y tres días de purificación; en conjunto, cuarenta días. Al terminar ese tiempo, debía presentar una ofrenda en el santuario.7

La ofrenda ordinaria consistía en un cordero para el holocausto y una tórtola o una paloma como sacrificio por el pecado. La Ley contemplaba también la situación de las familias pobres: quienes no podían ofrecer un cordero podían presentar dos tórtolas o dos pichones.7

El Evangelio presenta a María y José cumpliendo fielmente lo prescrito. La ofrenda mencionada en el relato corresponde a la alternativa prevista para quienes carecían de recursos. Este detalle manifiesta la pobreza de la Sagrada Familia y vincula la entrada de Jesús en el templo con la humildad de su vida terrena.6,8

Purificación ritual y santidad de María

La expresión tradicional «Purificación de María» necesita una explicación teológica cuidadosa. La Ley de Moisés empleaba categorías rituales relacionadas con el parto y la entrada en el santuario. La participación de María en aquel rito no significa que la Iglesia atribuya pecado personal a la Madre de Jesús. La piedad cristiana interpretó su cumplimiento de la Ley como una manifestación de humildad, obediencia y solidaridad con el pueblo de Israel.1,3

La fiesta, por tanto, no presenta a María como una pecadora que necesitara purificación moral, sino como la mujer que ofrece a su Hijo y acepta humildemente las disposiciones religiosas de Israel. La liturgia, sin embargo, no permite que este aspecto mariano desplace el acontecimiento principal: Jesús es presentado en el templo y reconocido como el Salvador.2,9

La presentación del Primogénito

La presentación de Jesús también recuerda la consagración de los primogénitos al Señor. El Evangelio afirma que sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarlo a Dios conforme a la Ley. El gesto expresa que Jesús pertenece enteramente al Padre y que su misión procede de Dios.

La presentación anticipa también el misterio pascual. El niño que Simeón toma en brazos será el Mesías que llevará a término su misión mediante la cruz y la resurrección. La luz que aparece en la Candelaria encuentra su plenitud en el cirio pascual, signo de Cristo resucitado y vencedor del pecado y de la muerte.10

Jesucristo, luz de las naciones

El símbolo central de la Candelaria es la luz. Simeón proclama que Jesús es «luz para iluminar a las naciones» y gloria de Israel. La vela encendida no posee un poder mágico ni funciona como amuleto: dirige la fe hacia Cristo, que ilumina la existencia humana y revela la salvación de Dios.6,2

La luz tiene varios sentidos cristológicos:

  • Manifiesta la identidad divina de Jesús.
  • Expresa la universalidad de su misión.
  • Simboliza la victoria de la verdad sobre la oscuridad.
  • Recuerda que Cristo guía al ser humano hacia la comunión con Dios.
  • Anticipa la luz del cirio pascual.

La procesión con velas representa a la Iglesia que camina al encuentro de Cristo. Los fieles no llevan la luz como una posesión autónoma, sino como un signo de fe recibida y compartida. La vela conservada en casa debe recordar que Cristo es la luz del mundo y que la existencia cristiana ha de reflejar esa luz mediante la fe y las obras.2,9

María y la Candelaria

La Virgen María ocupa un lugar esencial en el relato evangélico porque presenta a Jesús en el templo. Ella no sustituye al centro de la fiesta, sino que participa en el misterio de su Hijo.

La celebración contempla conjuntamente al Hijo y a la Madre, pero con un orden preciso: la maternidad de María está al servicio de la manifestación de Cristo. María entrega al Padre aquel que ha recibido por obra del Espíritu Santo y acepta con José la humildad de la Ley.

La profecía de Simeón introduce también una dimensión dolorosa. El niño será signo de contradicción y una espada atravesará el alma de María. La Candelaria, por tanto, no se limita a la alegría del nacimiento: anuncia la oposición que encontrará Cristo y anticipa la participación de María en el sufrimiento de su Hijo.6

Celebración litúrgica

Bendición de las candelas

La celebración comienza tradicionalmente con la bendición de las velas. Los fieles se reúnen con las candelas apagadas y, después de la introducción litúrgica, las encienden. El rito orienta la atención hacia Cristo, luz de las naciones.

La bendición no convierte la vela en un objeto de protección supersticiosa. La candela bendecida es un sacramental, es decir, un signo sagrado instituido por la Iglesia para disponer a los fieles a recibir la gracia y para santificar determinadas circunstancias de la vida cristiana. Su significado depende de la fe y de la oración de la Iglesia.

Procesión

La procesión recuerda la entrada de Jesús en el templo de Jerusalén. Los participantes caminan con las velas encendidas como signo de la Iglesia que sale al encuentro del Señor.

El rito procesional posee también una dimensión escatológica: la comunidad cristiana espera a Cristo, lo reconoce presente en la liturgia y aguarda su manifestación gloriosa. El camino de la procesión simboliza la peregrinación de la Iglesia hacia el encuentro definitivo con el Salvador.5

En la tradición occidental, la procesión adquirió inicialmente un carácter penitencial y más tarde quedó vinculada particularmente a la bendición de las velas. La evolución histórica explica la permanencia conjunta de dos elementos: la conversión del corazón y la alegría de caminar en la luz de Cristo.1,3

Misa de la Presentación del Señor

La procesión conduce a la celebración de la santa misa. Las lecturas y las oraciones presentan a Cristo como el Señor que entra en su templo, el Mesías esperado y la luz de todos los pueblos.

La liturgia relaciona la Presentación con:

  • La obediencia de Jesús y de sus padres a la Ley.
  • La fidelidad de Dios a sus promesas.
  • La esperanza de Israel.
  • La universalidad de la salvación.
  • El misterio de la cruz y de la resurrección.

La celebración alcanza su centro en la Eucaristía. El Cristo reconocido por Simeón continúa entregándose a su Iglesia y conduce a los fieles hacia el encuentro definitivo con Dios.

Historia de la fiesta

Origen oriental

La celebración nació en el ámbito cristiano de Jerusalén y adquirió inicialmente el carácter de fiesta del cuadragésimo día después de la Natividad. Una peregrina de la antigüedad cristiana, vinculada a la descripción de las celebraciones de Jerusalén, dejó testimonio de una conmemoración solemne con procesión, homilía y celebración eucarística durante el siglo IV.4

En Oriente recibió el nombre de Encuentro del Señor. Esta denominación pone el acento en el encuentro de Jesús con Simeón y Ana, pero también en el encuentro entre Dios y su pueblo.

Durante el siglo VI la fiesta se extendió por diversas regiones de Occidente. Roma desarrolló una celebración de carácter más penitencial, mientras que las iglesias de la Galia dieron especial relieve a la bendición y procesión de las candelas. De esta costumbre nació la denominación popular de Candelaria.4,5

Desarrollo occidental

En Occidente, la fiesta recibió durante siglos un título mariano relacionado con la purificación de la Virgen. La tradición popular conservó ese lenguaje incluso después de que la liturgia romana recuperara oficialmente el título de Presentación del Señor.

La historia de la celebración muestra una doble dimensión legítima:

  • Una dimensión cristológica, centrada en la presentación de Jesús.
  • Una dimensión mariana, relacionada con la obediencia humilde de María y su participación en la misión de su Hijo.

La correcta relación entre ambas exige evitar cualquier inversión de prioridades. La Iglesia venera a María precisamente porque está unida de modo singular al misterio de Cristo.2,9

Distinción entre liturgia y costumbres populares

La liturgia oficial celebra la Presentación del Señor mediante la bendición de las candelas, la procesión y la Eucaristía. La piedad popular añade costumbres locales, devociones familiares, fiestas patronales y expresiones culturales diversas.

Ambas realidades pueden convivir, pero no tienen el mismo rango. La liturgia posee una estructura y un contenido establecidos por la Iglesia; las costumbres populares necesitan conservar su referencia al Evangelio y evitar supersticiones, excesos o interpretaciones que desplacen a Cristo.

La fiesta no autoriza a atribuir automáticamente un patronazgo a cualquier grupo profesional, localidad o actividad que celebre la Candelaria. Algunas comunidades pueden invocar legítimamente la protección de la Virgen o del Niño Jesús dentro de su tradición particular, pero la devoción local no equivale por sí misma a un reconocimiento oficial de la Iglesia.

Sentido espiritual

La Candelaria invita a contemplar a Cristo como la luz que viene al encuentro de la humanidad. Simeón esperaba la salvación; Ana perseveraba en la oración; María y José obedecían humildemente; Jesús entraba en el templo como el Hijo consagrado al Padre.

La fiesta propone varias actitudes espirituales:

  • Esperar a Dios con perseverancia.
  • Reconocer a Cristo en la humildad de su presencia.
  • Obedecer la voluntad divina.
  • Ofrecer la propia vida al Padre.
  • Caminar en la luz del Evangelio.
  • Dar testimonio de la salvación recibida.

La vela encendida recuerda que la fe no puede quedar encerrada en una ceremonia. Quien recibe la luz de Cristo está llamado a vivir con verdad, caridad y esperanza, llevando esa luz a la familia, a la Iglesia y a la sociedad.

La Candelaria en el ciclo litúrgico

La Fiesta de la Candelaria prolonga el misterio de la Navidad y prepara la mirada cristiana hacia la Pascua. El Niño que se manifiesta como luz en el templo será el Señor crucificado y resucitado, cuya gloria anuncia el cirio pascual.

Por ello, el 2 de febrero no constituye simplemente una despedida folclórica de la Navidad. La celebración resume el movimiento entero de la misión de Cristo: el Hijo viene del Padre, entra en la historia, se presenta en el templo, es reconocido por los creyentes y camina hacia la entrega pascual.

La Candelaria proclama así que Jesús es la verdadera luz, que la salvación alcanza a Israel y a todos los pueblos, y que la Iglesia está llamada a vivir y anunciar esa luz hasta el encuentro definitivo con el Señor.

Citas y referencias

  1. Parte segunda: Orientaciones para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: Año litúrgico y piedad popular - La fiesta de la Presentación del Señor, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia (9 de abril de 2002), 120 (2002). 2 3 4 5
  2. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo cuatro: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad - La fiesta de la Presentación de nuestro Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 123 (2002). 2 3 4 5 6
  3. Parte dos: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo cuatro: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad - La fiesta de la Presentación de nuestro Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia: Principios y Directrices, 120 (2002). 2 3 4
  4. La Candelaria. Catholic Encyclopedia, Candelaria (1913). 2 3
  5. Presentación del Señor, Santa Sede. Misal Romano, 605 (2020). 2 3
  6. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Lucas 2:22-2:40 (1993). 2 3 4
  7. La Santa Biblia, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Levítico 12:1-12:8 (1993). 2
  8. Parte segunda: Orientaciones para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: Año litúrgico y piedad popular - La fiesta de la Presentación del Señor, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia (9 de abril de 2002), 122 (2002). 2
  9. Parte segunda: Orientaciones para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: Año litúrgico y piedad popular - La fiesta de la Presentación del Señor, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia (9 de abril de 2002), 123 (2002). 2 3 4
  10. Papa Juan Pablo II. 2 de febrero de 1981: Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo - Homilía, 3 (1981).
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