La Ley de Moisés
La fecha de la fiesta guarda relación directa con el capítulo 12 del Levítico. La Ley establecía un periodo de purificación ritual después del nacimiento de un hijo. En el caso del nacimiento de un varón, la madre debía permanecer apartada durante siete días y completar después otros treinta y tres días de purificación; en conjunto, cuarenta días. Al terminar ese tiempo, debía presentar una ofrenda en el santuario.
La ofrenda ordinaria consistía en un cordero para el holocausto y una tórtola o una paloma como sacrificio por el pecado. La Ley contemplaba también la situación de las familias pobres: quienes no podían ofrecer un cordero podían presentar dos tórtolas o dos pichones.
El Evangelio presenta a María y José cumpliendo fielmente lo prescrito. La ofrenda mencionada en el relato corresponde a la alternativa prevista para quienes carecían de recursos. Este detalle manifiesta la pobreza de la Sagrada Familia y vincula la entrada de Jesús en el templo con la humildad de su vida terrena.,
Purificación ritual y santidad de María
La expresión tradicional «Purificación de María» necesita una explicación teológica cuidadosa. La Ley de Moisés empleaba categorías rituales relacionadas con el parto y la entrada en el santuario. La participación de María en aquel rito no significa que la Iglesia atribuya pecado personal a la Madre de Jesús. La piedad cristiana interpretó su cumplimiento de la Ley como una manifestación de humildad, obediencia y solidaridad con el pueblo de Israel.,
La fiesta, por tanto, no presenta a María como una pecadora que necesitara purificación moral, sino como la mujer que ofrece a su Hijo y acepta humildemente las disposiciones religiosas de Israel. La liturgia, sin embargo, no permite que este aspecto mariano desplace el acontecimiento principal: Jesús es presentado en el templo y reconocido como el Salvador.,
La presentación del Primogénito
La presentación de Jesús también recuerda la consagración de los primogénitos al Señor. El Evangelio afirma que sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarlo a Dios conforme a la Ley. El gesto expresa que Jesús pertenece enteramente al Padre y que su misión procede de Dios.
La presentación anticipa también el misterio pascual. El niño que Simeón toma en brazos será el Mesías que llevará a término su misión mediante la cruz y la resurrección. La luz que aparece en la Candelaria encuentra su plenitud en el cirio pascual, signo de Cristo resucitado y vencedor del pecado y de la muerte.