Orígenes en la liturgia romana primitiva
La fiesta tiene raíces muy antiguas, remontándose al menos al siglo IV. El Calendario de Filocalo de 354 registra el 22 de febrero como natale Petri de cathedra, es decir, el «nacimiento» o aniversario de la cátedra de Pedro, sin mención a Antioquía.4 Esta celebración, posiblemente anterior al 336, honraba el inicio del episcopado de Pedro en Roma, sustituyendo ritos paganos como las Parentalia y la Charistia, fiestas romanas del 18-22 de febrero dedicadas a los difuntos y la reconciliación familiar, donde se colocaban asientos vacíos para los ancestros.1,5
En el Martyrologium Hieronymianum (siglo VI), aparecen dos entradas: el 18 de enero para la Cathedra Petri in Roma («Cátedra de Pedro en Roma») y el 22 de febrero inicialmente para Roma, aunque manuscritos posteriores la asociaron a Antioquía.2,6 Esta duplicación refleja la veneración de dos sedes: una en el Vaticano y otra en un cementerio de la Vía Salaria, donde Pedro habría presidido asambleas y bautizos.2
Evolución medieval y supresión temporal
Durante la Edad Media, la fiesta del 22 de febrero adquirió el nombre de festum beati Petri epularum («banquete de san Pedro»), aludiendo a las comidas compartidas en las celebraciones paganas que se cristianizaron.1,7 En regiones galas e hispánicas, se mantuvo el 18 de enero para evitar la Cuaresma, ya que Septuagésima podía coincidir con el 22 de febrero.7
La fiesta desapareció del calendario romano en los sacramentarios gelasiano y gregoriano primitivos, posiblemente por reorganización cuaresmal, pero persistió en Galia y se revivió en Roma. En 1557, Pablo IV restauró la del 18 de enero como duplex en todo el orbe, preservando la de Antioquía el 22 de febrero.8 Tras el Concilio Vaticano II, Pablo VI unificó la celebración en una sola fiesta el 22 de febrero, eliminando la distinción geográfica para enfatizar la unidad petrina.3,9

