El complejo de los Laterani
El nombre «Letrán» procede de la familia romana de los Laterani, cuya residencia ocupaba la zona. El palacio pasó posteriormente a la casa imperial y recibió también el nombre de Domus Faustae, por Fausta, esposa del emperador Constantino. La propiedad llegó a manos de la Iglesia en los primeros años del siglo IV.
La tradición atribuye a Constantino I la entrega del complejo lateranense al papa san Melquíades-también llamado Milcíades-, cuyo pontificado terminó en 314. El emperador favoreció la construcción o adaptación de una gran basílica destinada al culto cristiano después de que el cristianismo alcanzara libertad pública en el Imperio. La basílica acogió ya en el año 313 un concilio relacionado con la controversia donatista, prueba de su temprana importancia para la vida eclesial de Roma.,
La historiografía no permite describir con absoluta precisión la forma del primer edificio. Algunos testimonios antiguos y los datos arqueológicos apuntan a la adaptación y ampliación de una gran sala del antiguo complejo palacial, más que a la creación de un edificio completamente independiente desde sus cimientos. La basílica primitiva recibió el nombre de Basílica del Salvador (Basilica Salvatoris).
La dedicación bajo san Silvestre I
La dedicación de la basílica tuvo lugar durante el pontificado de san Silvestre I, después de la paz concedida a la Iglesia. La consagración de un templo cristiano en el centro de la antigua capital imperial poseía un profundo valor histórico: expresaba la libertad pública del culto cristiano y la consolidación visible de una comunidad que había sufrido persecuciones.,
El edificio no sustituyó a la Iglesia fundada por Jesucristo ni constituyó por sí mismo el centro de la fe. Su importancia deriva de la comunidad cristiana que allí se reúne, de la celebración de la liturgia y de la presencia de la cátedra del obispo. El templo sirve a la Iglesia; no agota el misterio de la Iglesia.
Durante los primeros siglos, la basílica se convirtió en el principal centro de la vida cristiana de Roma. El palacio anejo sirvió como residencia de los papas y como sede de la administración eclesial. La basílica fue también escenario de importantes sínodos y concilios, entre ellos varios concilios lateranenses de la Edad Media.,,
De la Basílica del Salvador a San Juan de Letrán
La advocación de san Juan surgió posteriormente. Un monasterio benedictino dedicado a san Juan Bautista y san Juan Evangelista se encontraba junto a la basílica, y sus monjes desempeñaron durante un tiempo funciones relacionadas con la conservación del culto. La presencia del monasterio favoreció la extensión del nombre de ambos santos al conjunto basilical.,
La basílica recibió en la Antigüedad el sobrenombre de Basílica Áurea, es decir, «Basílica Dorada», debido a su riqueza artística y a la magnificencia de sus ornamentaciones. Las invasiones y los saqueos dañaron gravemente el edificio. Los vándalos despojaron el templo de sus tesoros, y diversos pontífices promovieron restauraciones. El papa san León I, cuyo pontificado se extendió entre 440 y 461, impulsó una importante restauración; más tarde, el papa Adriano I, que gobernó entre 772 y 795, volvió a intervenir en el complejo.
Un terremoto ocurrido en el año 896 provocó una destrucción considerable. La basílica experimentó después nuevos incendios, abandonos, daños estructurales y restauraciones. La historia del edificio muestra la continuidad de la Iglesia a través de transformaciones materiales profundas: la basílica actual no reproduce de forma exacta el primer templo constantiniano, pero conserva su función catedralicia y su significado eclesial.,
Transformaciones posteriores
La apariencia actual de la basílica procede en gran medida de las reformas realizadas en la Edad Moderna. Durante el siglo XVII, Francesco Borromini reorganizó el interior y dio al templo la configuración arquitectónica que, con posteriores modificaciones, caracteriza su aspecto. El ábside recibió una ampliación en el siglo XIX, concretamente en 1878.
La prolongada historia del edificio incluye también el traslado de la residencia papal fuera del área lateranense. Aunque los papas dejaron de vivir allí, la basílica conservó la dignidad de catedral de Roma. La residencia del papa y la catedral cumplen funciones distintas: la primera pertenece a la organización de la vida pontificia; la segunda manifiesta la sede episcopal desde la que el papa ejerce su ministerio como obispo de Roma.,