La veneración de la Cruz
La veneración solemne de la Cruz posee una tradición especialmente antigua en Jerusalén. Egeria, peregrina del siglo IV, describió la ceremonia de veneración de la reliquia en la liturgia jerosolimitana. san Cirilo de Jerusalén también ofreció testimonios sobre la importancia de la Cruz en la vida litúrgica y catequética de aquella Iglesia.
La liturgia romana desarrolló numerosas expresiones de honor a la Cruz. Himnos, antífonas, responsorios y oraciones la presentan como cruz gloriosa, cruz santa, árbol vivificante y signo de salvación. Esta tradición aparece tanto en el Misal como en la Liturgia de las Horas.
La veneración cristiana no equivale a una adoración de la materia. La Iglesia adora solo a Dios. Cuando honra la Cruz, dirige su culto a Cristo, que entregó su vida en ella, y reconoce la acción salvadora de Dios manifestada mediante ese signo.
La relación con el Viernes Santo
La Exaltación de la Santa Cruz y la celebración del Viernes Santo poseen una relación profunda, aunque no son la misma celebración.
El Viernes Santo conmemora litúrgicamente la Pasión y muerte del Señor dentro del Triduo Pascual. La liturgia incluye la presentación y veneración de la Cruz. La Exaltación, en cambio, celebra de manera propia el significado glorioso y salvador de la Cruz, dentro del ciclo anual de las fiestas del Señor.
La ceremonia romana de veneración de la Cruz en Viernes Santo recibió influencia de la práctica jerosolimitana de venerar la reliquia de la Cruz. Con el tiempo, las comunidades que no poseían una reliquia utilizaron una cruz ordinaria como signo litúrgico de la Cruz verdadera, pues la eficacia espiritual de la veneración procede de Cristo y no de la cantidad de madera conservada.
La Liturgia de las Horas
La Liturgia de las Horas conserva textos antiguos dedicados a la Cruz. Entre ellos aparecen himnos como Salve, Cruz santa y Signum Crucis mirabile, junto con lecturas patrísticas que presentan la Cruz como trofeo contra el pecado, defensa de la Iglesia, gloria de los santos y luz del mundo.
La oración litúrgica evita reducir la fiesta a una conmemoración arqueológica. La Cruz aparece como realidad viva en la existencia de la Iglesia. Quien contempla la Cruz reconoce la fuente de la gracia y aprende a interpretar cristianamente el sufrimiento, la entrega y la esperanza.