El relato evangélico en Lucas
El fundamento de esta fiesta se encuentra en el Evangelio según san Lucas (2:22-40), donde se describe cómo, al cumplirse los cuarenta días tras el nacimiento de Jesús, sus padres acuden al Templo para cumplir dos preceptos de la Ley judía: la presentación del primogénito al Señor —según Éxodo 13:2,12-13— y la purificación de la madre tras el parto —conforme a Levítico 12:2-8—. Ofrecieron un sacrificio modesto de dos tórtolas o dos palominos, señal de su humilde condición.1,2,4
En el Templo, el anciano Simeón, justo y piadoso, guiado por el Espíritu Santo, toma al niño en brazos y pronuncia el célebre Cántico de Simeón o Nunc dimittis: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo ir en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado ante la faz de todos los pueblos: luz para revelación a las gentes y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2:29-32). Simeón bendice a la Sagrada Familia y profetiza a María: «Este niño está puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, a fin de que queden al descubierto los pensamientos de los corazones. Y a ti misma una espada te atravesará el alma» (Lc 2:34-35), aludiendo al dolor futuro de la Virgen en la Cruz.1,2
Poco después aparece la profetisa Ana, viuda de avanzada edad, que no se apartaba del Templo sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Ella alaba a Dios y habla del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén (Lc 2:36-38). Este encuentro resalta la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, con el Templo como lugar de revelación divina.1,5
Conexión con otras lecturas litúrgicas
La fiesta incorpora lecturas que enriquecen su sentido: la primera, de Malaquías 3:1-4, anuncia la llegada del Señor al Templo como refinador y purificador; el salmo responsorial (Salmo 24:7-10) invoca la entrada del Rey de la gloria; y la segunda lectura, de Hebreos 2:14-18, subraya cómo Jesús, hecho carne como sus hermanos, se convierte en sumo sacerdote misericordioso para expiar los pecados.6,7,8

