El relato evangélico en san Lucas
El fundamento de esta fiesta se encuentra en el Evangelio según san Lucas, donde se describe cómo María, tras la Anunciación, se pone en camino con prisa hacia una ciudad de la región montañosa de Judá, entrando en la casa de Zacarías y saludando a Isabel. En ese instante, el niño en el vientre de Isabel —Juan Bautista— salta de alegría, y ella, llena del Espíritu Santo, exclama: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí me viene que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,42-43). Este reconocimiento profético destaca la presencia divina en María y el inicio de la santificación de Juan.1,2
María responde con el Magníficat («Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador», Lc 1,46-47), un himno de alabanza que exalta la misericordia divina, la inversión de los poderosos y humildes, y la fidelidad a las promesas hechas a Abraham. María permanece con Isabel unos tres meses antes de regresar a casa, coincidiendo probablemente con el nacimiento de Juan.1
Contexto histórico y simbólico
El viaje de María, cubriendo unos 150 kilómetros por terreno montañoso, simboliza su obediencia pronta al plan de Dios, superando temores y riesgos. San Lucas enfatiza la acción del Espíritu Santo, que mueve a María y provoca la reacción en Isabel y Juan, prefigurando la misión de Cristo y el Bautista.3,4

