San Simón pertenece al grupo de los Doce Apóstoles elegidos por Jesucristo. Los Evangelios de Mateo y Marcos lo llaman «el Cananeo» o «Cananaeo», mientras que san Lucas y los Hechos de los Apóstoles emplean el calificativo «el Zelote» (Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; Hch 1,13). Ambos términos expresan la idea de fervor, celo o entrega apasionada a Dios.1
El sobrenombre no demuestra que Simón perteneciera formalmente al movimiento político de los zelotes, grupo judío contrario a la dominación romana. La interpretación tradicional más prudente entiende que el título alude a su celo por la Ley de Dios y por la identidad religiosa de Israel. El papa Benedicto XVI explicó que Simón pudo haber estado marcado por una adhesión intensa a su pueblo, a su tradición religiosa y al cumplimiento de la Ley, sin que eso permita identificarlo automáticamente con el partido revolucionario de los zelotes.1



