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Fiesta de San Simón

La Fiesta de San Simón el Zelote, apóstol de Jesucristo, se celebra en la Iglesia latina el 28 de octubre, juntamente con la memoria litúrgica de san Judas Tadeo. La tradición cristiana conoce pocos datos históricos seguros sobre su vida posterior a Pentecostés, por lo que conviene distinguir cuidadosamente los testimonios bíblicos, la tradición litúrgica y las narraciones apócrifas.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreFiesta de San Simón
CategoríaEvento
Nombre Completo
DescripciónFiesta de San Simón el Zelote, apóstol de Jesucristo, celebrada en la Iglesia latina junto a san Judas Tadeo
AtributosSierra, libro, lanza
Contexto HistóricoTradición cristiana antigua y relatos hagiográficos sobre su misión y martirio en Persia y Mesopotamia.
Escritos RelacionadosNuevo Testamento, Martyrologium Romanum, Pasión de Simón y Judas
Fecha de Celebración28 de octubre
Festividad28 de octubre
ImportanciaCelebra a uno de los Doce Apóstoles, representando la fidelidad apostólica y la unidad en la diversidad.
LugarRoma, Toulouse, Persia, Mesopotamia, Jerusalén
Personas RelacionadasSan Judas Tadeo, Jesucristo, Benedicto XVI, San Juan Crisóstomo, Hipólito de Roma
TipoFiesta litúrgica, Rojo
Uso LitúrgicoCelebrado en la Iglesia latina y en diversas tradiciones orientales.

Tabla de contenido

Identidad de san Simón el Zelote

San Simón pertenece al grupo de los Doce Apóstoles elegidos por Jesucristo. Los Evangelios de Mateo y Marcos lo llaman «el Cananeo» o «Cananaeo», mientras que san Lucas y los Hechos de los Apóstoles emplean el calificativo «el Zelote» (Mt 10,4; Mc 3,18; Lc 6,15; Hch 1,13). Ambos términos expresan la idea de fervor, celo o entrega apasionada a Dios.1

El sobrenombre no demuestra que Simón perteneciera formalmente al movimiento político de los zelotes, grupo judío contrario a la dominación romana. La interpretación tradicional más prudente entiende que el título alude a su celo por la Ley de Dios y por la identidad religiosa de Israel. El papa Benedicto XVI explicó que Simón pudo haber estado marcado por una adhesión intensa a su pueblo, a su tradición religiosa y al cumplimiento de la Ley, sin que eso permita identificarlo automáticamente con el partido revolucionario de los zelotes.1

Distinción respecto de otros personajes llamados Simón

La identificación de san Simón el Zelote exige evitar varias confusiones frecuentes.

Simón Pedro

San Simón el Zelote no es Simón Pedro, el pescador de Galilea, hermano de Andrés y primer apóstol en las listas apostólicas. Los Evangelios distinguen expresamente a ambos: primero aparece «Simón, llamado Pedro» y después «Simón el Cananeo» o «Simón el Zelote».2

La diferencia también aparece en la predicación patrística. San Juan Crisóstomo observaba que el calificativo «el Cananeo» servía precisamente para distinguir al segundo Simón del apóstol Pedro.2

Simón, padre de Judas Tadeo

Algunas tradiciones antiguas llaman a Simón «hijo de Clopás» y lo relacionan con Judas Tadeo. Hipólito de Roma afirma que Simón, hijo de Clopás, llegó a ser obispo de Jerusalén después de Santiago el Justo y murió allí a una edad muy avanzada.3

Sin embargo, esta identificación pertenece a una tradición antigua y no cuenta con confirmación suficiente en el Nuevo Testamento. Por ello, no conviene presentarla como un dato histórico plenamente demostrado.

Simón de Cirene y Simón el mago

San Simón el Zelote tampoco debe confundirse con Simón de Cirene, que ayudó a llevar la cruz de Jesús, ni con Simón el mago, personaje de los Hechos de los Apóstoles que intentó comprar el poder del Espíritu Santo. Tampoco coincide necesariamente con otros Simones mencionados en el Nuevo Testamento.

Simón y Simeón

La forma «Simeón» puede designar a otras personas de la Biblia y de la tradición cristiana. La Fiesta de San Simón se refiere al apóstol llamado Simón el Cananeo o el Zelote, no a san Simeón el anciano del Evangelio, a san Simeón Estilita ni a otros santos homónimos.

San Simón en el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento ofrece pocos datos biográficos sobre este apóstol. Su nombre aparece en las listas de los Doce:

  • Mateo lo presenta como «Simón el Cananeo».
  • Marcos utiliza también «Simón el Cananeo».
  • Lucas lo llama «Simón, llamado Zelote».
  • Los Hechos de los Apóstoles lo incluyen entre los apóstoles reunidos en Jerusalén después de la Ascensión.

Los Evangelios no narran episodios particulares de su vocación, de su predicación o de su muerte. Esta sobriedad contrasta con la abundante información relativa a Pedro, Juan, Santiago o Judas Iscariote. La tradición cristiana conserva, no obstante, su nombre como testimonio de que perteneció al círculo apostólico que recibió de Cristo la misión evangelizadora.

La presencia de Simón entre los Doce posee también un valor eclesial. Jesús reunió en torno a sí a discípulos procedentes de ambientes diversos, incluso con sensibilidades religiosas y sociales aparentemente incompatibles. Benedicto XVI relacionó la presencia conjunta de Simón el Zelote y Mateo, antiguo recaudador de impuestos, con la capacidad de Cristo para formar una comunidad unida más allá de las diferencias personales y políticas.1

La misión apostólica después de Pentecostés

Los escritos canónicos no describen con precisión los lugares donde san Simón anunció el Evangelio después de Pentecostés. Las tradiciones posteriores lo sitúan en regiones muy distintas: Egipto, Mesopotamia, Persia, el Cáucaso, Asia Menor e incluso Britania. La diversidad geográfica revela que las comunidades cristianas antiguas conservaron recuerdos diferentes sobre la expansión de la predicación apostólica.4

La tradición latina vinculó especialmente a Simón con san Judas Tadeo. Según esta tradición, ambos evangelizaron en Mesopotamia y Persia y murieron mártires en aquel ámbito. Algunos relatos sitúan el martirio en una ciudad llamada Suanis o Suanir, cuya localización antigua continúa siendo discutida.5

Las tradiciones orientales ofrecen versiones diferentes. El Menologio de Basilio afirmaba que Simón murió pacíficamente en Edesa, mientras que otras Iglesias lo relacionaron con Jerusalén, Siria, Armenia o el Cáucaso. La variedad de estos relatos impide establecer como hecho seguro un único itinerario misionero o una forma concreta de muerte.5

Martirio y atributos iconográficos

La tradición occidental representa habitualmente a san Simón con una sierra, instrumento asociado a un antiguo relato sobre su martirio. En algunas imágenes aparece también con una lanza. La sierra llegó a convertirse en su atributo más característico, aunque la documentación histórica disponible no permite verificar con certeza que muriera de esa manera.4

La tradición latina suele afirmar que Simón y Judas padecieron juntos el martirio en Persia. Las narraciones medievales desarrollaron numerosos detalles sobre sus viajes, milagros, enfrentamientos con sacerdotes paganos y muerte. Tales elementos pertenecen principalmente a la literatura hagiográfica y no poseen el mismo valor histórico que los datos transmitidos por el Nuevo Testamento.

La Pasión de Simón y Judas, incorporada a la colección atribuida a Abdías, narra acontecimientos en Persia y Babilonia. La obra contiene tradiciones antiguas, pero su redacción latina no permite aceptar todos sus episodios como una crónica contemporánea de los apóstoles.6

Recepción de los apóstoles en la patrística temprana

La literatura patrística temprana recibió a los apóstoles como fundamento visible de la Iglesia y como testigos de la continuidad entre la predicación de Jesús y la misión cristiana posterior. Los escritores antiguos prestaron especial atención a las listas de los Doce, porque permitían conservar la identidad de cada apóstol y evitar confusiones entre personas con nombres iguales.

San Juan Crisóstomo comentaba la lista de Mateo y explicaba la necesidad de diferenciar a Simón Pedro de Simón el Cananeo. Su comentario muestra que, ya en la exégesis antigua, el sobrenombre de Simón cumplía una función identificadora dentro de la comunidad cristiana.2

Hipólito de Roma transmitió una tradición según la cual Simón, hijo de Clopás, fue obispo de Jerusalén después de Santiago el Justo. Este testimonio refleja la voluntad patrística de vincular la misión apostólica con la sucesión episcopal de las Iglesias principales. Al mismo tiempo, su formulación no basta para resolver definitivamente la relación entre el apóstol Simón el Zelote y otros personajes llamados Simón o Simeón.3

La patrística también contempló el grupo de los Doce como una imagen de la Iglesia universal. La diversidad de sus miembros no anulaba la unidad apostólica, porque todos recibían su identidad de Cristo. Esta lectura adquiere especial fuerza en el caso de Simón el Zelote, cuyo sobrenombre evocaba un trasfondo religioso intenso, pero cuya pertenencia al colegio apostólico lo situaba en una comunidad nueva, fundada en la comunión con Jesús.1

La Fiesta de San Simón en la liturgia latina

El Martyrologium Romanum celebra el 28 de octubre a «los santos Simón y Judas, apóstoles». El calendario latino presenta a Simón como el apóstol llamado Cananeo o Zelote y recuerda a Judas con el nombre de Tadeo. La celebración posee rango de fiesta, categoría litúrgica superior a la memoria obligatoria y reservada a acontecimientos o personas de especial importancia para la vida de la Iglesia.7

La unión litúrgica de ambos apóstoles procede de la tradición occidental, que los considera compañeros de evangelización y de martirio. La liturgia latina conserva así una memoria común, aunque el Nuevo Testamento no ofrece detalles sobre una misión conjunta.

El formulario litúrgico presenta a los dos apóstoles como testigos de Cristo y recuerda la respuesta de Jesús a Judas durante la Última Cena: quien ama al Señor guarda su palabra, y el Padre y el Hijo hacen morada en él.7

En España, la celebración puede adquirir expresiones propias en parroquias, diócesis o localidades bajo el patronazgo de san Simón. Las fiestas populares, procesiones y devociones locales forman parte de la piedad católica cuando conservan el carácter central de la liturgia y conducen a la veneración de Cristo, fuente de toda santidad apostólica.

Las tradiciones orientales

Las Iglesias orientales no siempre celebran a san Simón junto con san Judas. Algunas tradiciones lo conmemoran en fechas distintas y conservan relatos propios sobre su predicación, su muerte y el lugar de sus reliquias. La tradición griega, copta y etíope llegó incluso a identificarlo con Natanael de Caná, aunque tal identificación no cuenta con aceptación universal.4

La diferencia entre Oriente y Occidente no implica necesariamente una oposición doctrinal. En muchos casos refleja la existencia de calendarios, menologios y tradiciones locales diferentes. La Iglesia debe distinguir entre el núcleo común de la fe -la pertenencia de Simón al grupo de los Doce y su testimonio apostólico- y los detalles legendarios transmitidos por determinadas comunidades.

Reliquias y lugares de veneración

El lugar exacto de la sepultura de san Simón permanece incierto. Varias ciudades antiguas reivindicaron reliquias del apóstol, entre ellas Roma y Toulouse. En Roma, la tradición sitúa reliquias de Simón y Judas bajo el altar de la Crucifixión en la basílica de San Pedro del Vaticano.4

La existencia de varias tradiciones sobre sus reliquias no permite reconstruir con seguridad su traslado histórico. La veneración de los restos de los santos pertenece a la práctica cristiana de honrar a quienes dieron testimonio de Cristo, pero la devoción no exige afirmar como históricamente probada cada tradición local.

Significado espiritual de la fiesta

La Fiesta de San Simón invita a contemplar tres aspectos de la vida cristiana.

El celo transformado por Cristo

El término «Zelote» recuerda el valor del fervor religioso, pero también la necesidad de que todo celo quede purificado por el Evangelio. La entrega cristiana no consiste en la violencia ni en la imposición, sino en la fidelidad a Dios, el amor al prójimo y el anuncio de la verdad.

La unidad en la diversidad

La presencia de Simón junto a discípulos de procedencias distintas muestra que la Iglesia no nace de la uniformidad social. Cristo reúne personas diversas y las convierte en una comunidad apostólica. La unidad cristiana brota de la comunión con él, no de la desaparición de las diferencias legítimas.1

El valor del testimonio oculto

Los Evangelios apenas ofrecen noticias personales sobre Simón. Su figura recuerda que la importancia de un apóstol no depende de la cantidad de episodios conocidos, sino de su fidelidad a la misión recibida. Muchos cristianos viven una vocación escondida, sin reconocimiento público, pero su perseverancia contribuye igualmente a la edificación de la Iglesia.

Representación artística y devoción

El atributo más habitual de san Simón es la sierra, que alude a la tradición de su martirio. También puede aparecer con un libro, símbolo de la predicación apostólica, o junto a san Judas Tadeo. En las representaciones occidentales, ambos suelen figurar como compañeros de misión y mártires.

La devoción a san Simón no debe confundirse con la que la tradición popular dirige a san Judas Tadeo en situaciones difíciles. Aunque ambos comparten fiesta en el calendario latino, cada apóstol conserva su propia identidad histórica y litúrgica.

Valor histórico de las tradiciones sobre san Simón

Los datos firmes sobre san Simón proceden principalmente de su inclusión en las listas de los Doce y de su sobrenombre de Cananeo o Zelote. Los detalles sobre sus viajes, su episcopado, su martirio y sus reliquias pertenecen a tradiciones posteriores de distinto valor.

Las narraciones apócrifas pueden ofrecer información sobre la imaginación religiosa y la memoria de las comunidades cristianas antiguas, pero no deben tratarse automáticamente como documentos históricos. La Pasión de Simón y Judas, por ejemplo, relata conversiones, milagros y martirios en Persia y Babilonia, aunque su composición tardía exige una lectura crítica.6

La Iglesia conserva estas tradiciones con discernimiento: honra la memoria apostólica, reconoce el valor espiritual de la literatura hagiográfica y evita convertir las leyendas en certezas históricas.

Conclusión

La Fiesta de San Simón celebra a uno de los Doce Apóstoles, conocido como Simón el Zelote o el Cananeo. La Iglesia latina la fija el 28 de octubre junto con la de san Judas Tadeo, mientras que las Iglesias orientales conservan fechas y tradiciones diversas. La escasez de datos biográficos no disminuye su importancia: san Simón representa la fidelidad apostólica, la integración de personas diferentes en la Iglesia y el celo religioso transformado por la gracia de Cristo.

Citas y referencias

  1. Simón y Judas, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 11 de octubre de 2006: Simón y Judas, 1 (2006). 2 3 4 5
  2. Juan Crisóstomo. Homilía 32 sobre Mateo, 5. 2 3
  3. Sobre los doce apóstoles: dónde predicó cada uno de ellos y dónde encontró su fin, Hipólito de Roma. Sobre los Apóstoles y Discípulos, 11. 2
  4. San Simón el apóstol, Catholic Encyclopedia, San Simón el Apóstol (1913). 2 3 4
  5. Santos Anastasia y Cirilo, mártires (fecha desconocida), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 218 (1990). 2
  6. Apócrifos, Catholic Encyclopedia, Apócrifos (1913). 2
  7. B28 de octubre, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Martirologio Romano (2004), 28 de octubre (2004). 2
Modificado el 18 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.15 • 53 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/419rg0wmt

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