Orígenes en la tradición antigua
La devoción a Santa María Magdalena se remonta a los primeros siglos del cristianismo, fundamentada en los Evangelios, donde se la presenta como discípula fiel de Jesús. San Lucas menciona que de ella salieron siete demonios, y ella acompañó al Señor en su ministerio galileo, proveyendo de sus bienes al grupo apostólico.4,5 En la tradición occidental, impulsada por san Gregorio Magno, se la identifica con la pecadora arrepentida que ungió los pies de Jesús (Lc 7,37-50) y con María de Betania, hermana de Lázaro (Lc 10,38-42; Jn 12,1-8), formando una figura única de conversión, contemplación y amor.4,5 Esta síntesis, aunque controvertida en Oriente —donde se distinguen tres mujeres distintas—, ha sido adoptada por la liturgia romana y ha enriquecido la piedad popular.
La fiesta se inscribe en el calendario romano general desde antiguo, con menciones en el Martirologio Romano y celebraciones locales. En la Edad Media, se extendieron leyendas sobre su evangelización en Provenza (Francia), junto a Lázaro y Marta, culminando en su retiro penitencial en la cueva de la Sainte-Baume, aunque estas narraciones carecen de base histórica sólida y han sido cuestionadas por bolandistas y eruditos modernos.4,6
Evolución litúrgica hasta el siglo XX
Durante siglos, la celebración del 22 de julio fue una memoria obligatoria, con textos compartidos de fiestas similares. En Oriente, se la venera como portadora de mirra el mismo día, enfatizando su presencia al sepulcro vacío (Jn 20,1-18). En Occidente, su figura simbolizaba la misericordia divina: san Gregorio la llamó «testigo de la misericordia divina», y santo Tomás de Aquino, «apóstol de los apóstoles» por ser la primera en anunciar la Resurrección.1
En el Misal Romano de 1962 y ediciones previas, se usaban lecturas como 2 Cor 5,14-17 («Caritas Christi urget nos») y Jn 20,11-18, destacando su encuentro con el Resucitado.3 Papas como Juan Pablo II, en su homilía del 22 de julio de 2000 en Aosta, subrayaron su «carrera del corazón» motivada por el amor a Cristo, desde el Calvario hasta el anuncio pascual.3

