Las figuras bíblicas no aparecen como héroes aislados, sino dentro de una historia que, desde la perspectiva cristiana, manifiesta un designio de salvación. La vocación de Abraham inaugura una etapa fundamental; la formación de Israel como pueblo y la salida de Egipto bajo Moisés dan continuidad a esa historia. La Iglesia entiende que el pueblo de Israel y sus instituciones preparan la realidad eclesial, sin que esa lectura borre la historia ni la identidad propias de Israel.,
Adán
Adán ocupa un lugar inaugural en el relato bíblico de la humanidad. Su figura remite a la creación del ser humano a imagen de Dios y a la llamada fundamental de cada persona a existir y a vivir. Desde esta perspectiva, la historia de la alianza presupone la creación: la relación de Dios con un pueblo tiene como horizonte la relación originaria entre Dios y la humanidad.
Abraham
Abraham es una figura central por su fe y por su respuesta a la llamada divina. El relato de su vocación da comienzo a la historia de la salvación en sentido propio: Dios le llama a dejar su tierra y a encaminarse hacia un destino que todavía no conoce. Su respuesta hace de él un modelo de creyente y, en la tradición cristiana, padre de quienes acogen la fe.,
La figura de Abraham también enlaza la promesa divina con la historia del pueblo de Israel. La memoria del patriarca aparece ligada a la fidelidad de Dios a sus promesas, y su papel incluye la intercesión. La tradición bíblica lo presenta también como profeta.
Moisés
Moisés es presentado como guía de Israel en la salida de Egipto y como mediador de la Ley. Su misión marca un nuevo comienzo en la vida del pueblo: la liberación de la servidumbre egipcia reaviva la alianza vinculada a Abraham, Isaac y Jacob. Como transmisor de la Ley, contribuye a que Israel comprenda su identidad y su misión entre las naciones.
La tradición cristiana interpreta a Moisés como figura de Cristo. El paralelismo no identifica las dos misiones: Moisés guía la liberación de Egipto y transmite la Ley; Cristo, según la lectura cristiana, libera de la esclavitud del pecado y lleva la obra salvadora a su plenitud.
David y otras figuras
David pertenece, junto con Adán, Abraham y Moisés, al grupo de figuras veterotestamentarias consideradas en la tradición cristiana por su importancia en la preparación de la salvación. La interpretación tipológica contempla en algunas de estas figuras anticipaciones de Cristo, presentado como mediador definitivo.
La veneración cristiana no queda limitada a unos pocos patriarcas o dirigentes. La Iglesia honra como santos a los patriarcas, los profetas y otras figuras del Antiguo Testamento en sus tradiciones litúrgicas.