Localización e historia
La antigua Filadelfia estaba en Lidia, en el oeste de Asia Menor, cerca del río Cogamo y de la actual Alaşehir, en Turquía. El rey de Pérgamo Átalo II Filadelfo fundó la ciudad, cuyo nombre aludía a su propio sobrenombre. Roma la incorporó a sus dominios en 133 a. C. La ciudad sufrió terremotos y fue reconstruida; durante la época bizantina conservó importancia comercial y agrícola.1
En los primeros siglos de la era cristiana, la comunidad cristiana de Filadelfia ya tenía presencia en la ciudad. El Apocalipsis incluye una carta dirigida a la Iglesia de Filadelfia, en la que el autor elogia la fidelidad de la comunidad, aunque la describe como pequeña, y alude a su resistencia frente a quienes la hostigaban.1
Comunidad cristiana y sede episcopal
La tradición recogida en las Constituciones apostólicas atribuye a san Juan el nombramiento de Demetrio como primer obispo de Filadelfia. Eusebio de Cesarea, por su parte, menciona a la profetisa Ammia, vinculada a la comunidad cristiana primitiva de la ciudad. Más tarde, san Ignacio de Antioquía escribió a los cristianos de Filadelfia.1
Durante siglos, Filadelfia fue una sede sufragánea de Sardes; es decir, una diócesis subordinada a una sede metropolitana. Bajo el emperador bizantino Andrónico II Paleólogo alcanzó rango metropolitano. Entre los obispos conocidos figuran Teófanes, presente en el Concilio de Éfeso de 431, y Teolepto, autor de himnos y escritos religiosos, que vivió entre los siglos XIII y XIV.1
La ciudad cambió repetidamente de manos durante las guerras entre bizantinos y turcos. Los otomanos la conquistaron definitivamente en 1390. La sede metropolitana griega continuó vinculada a la región, aunque la conquista otomana transformó profundamente la vida política y eclesiástica local.1


