La vida ascética
La ascesis cristiana designa el esfuerzo ordenado por vivir según el Evangelio. Incluye el combate contra el pecado, la educación de la voluntad, la práctica de las virtudes, la oración, el ayuno y la vigilancia. La teología ascética estudia precisamente los medios por los que el cristiano progresa hacia la perfección mediante el ejercicio perseverante de la voluntad y la cooperación con la gracia.
La Filocalía utiliza un lenguaje propio de la tradición monástica, pero su horizonte no consiste en una simple disciplina corporal. El ayuno, el silencio, la soledad y la vigilia carecen de sentido cristiano si no conducen a la conversión del corazón, al amor a Dios y al servicio del prójimo.
Los autores filocálicos insisten en la necesidad de combatir los pensamientos que apartan de Dios. La vigilancia interior no pretende producir una conciencia obsesiva de los propios estados psicológicos, sino favorecer el discernimiento: reconocer las inclinaciones que conducen al pecado, rechazar las imágenes y deseos desordenados y orientar la mente hacia la oración.
La purificación del corazón
En la espiritualidad oriental, el «corazón» no representa solo la sede de los sentimientos. Designa el centro de la persona, donde convergen la inteligencia, la voluntad, la memoria, los afectos y la libertad.
La purificación del corazón significa, por tanto, una transformación integral de la persona. El cristiano busca liberarse de la dispersión interior y permitir que la gracia ordene sus facultades hacia Dios. Esta purificación no constituye una conquista autónoma ni una técnica autosuficiente: requiere la gracia divina, la fe, la conversión, los sacramentos y la vida de caridad.
La Filocalía relaciona la purificación con la apatheia, término que no significa insensibilidad ni ausencia de afectos. Designa la libertad interior frente a las pasiones desordenadas. Una persona espiritualmente madura no deja de amar, sufrir o alegrarse; aprende a vivir esos afectos bajo el gobierno de la verdad y de la caridad.
La divinización
La tradición oriental emplea el término divinización-en griego, theosis- para expresar la participación del ser humano en la vida de Dios por la gracia. La Filocalía vincula la oración y la vida ascética con esta transformación espiritual, que conduce a la paz y a la unión con Dios.
La divinización no significa que la criatura deje de ser criatura ni que se convierta en Dios por naturaleza. Expresa la participación real, gratuita y sobrenatural en la vida divina mediante la gracia. En perspectiva católica, esta enseñanza puede relacionarse con la filiación adoptiva, la inhabitación de la Trinidad y la santificación del cristiano.