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Filósofos cristianos

Los filósofos cristianos son pensadores que, desde la fe en Jesucristo o dentro del horizonte intelectual del cristianismo, han empleado la razón filosófica para investigar la realidad, el conocimiento, la persona humana, la moral y Dios. El término no designa una escuela única ni una doctrina uniforme: incluye corrientes diversas, desde la patrística hasta la filosofía contemporánea, unidas por el diálogo entre la razón, la fe y la tradición cristiana.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreFilósofos cristianos
CategoríaTérmino
DescripciónPensadores que, desde la fe en Jesucristo o dentro del horizonte intelectual del cristianismo, emplean la razón filosófica para investigar la realidad, el conocimiento, la persona humana, la moral y Dios. Tradición plural de pensamiento que abarca desde la patrística hasta la filosofía contemporánea, unida por el diálogo entre la razón, la fe y la tradición cristiana
ReferenciasAeterni Patris, Fides et ratio
Corrientes RelacionadasAgustinismo, aristotelismo cristiano, tomismo, escotismo, personalismo, fenomenología cristiana, existencialismo cristiano, filosofía cristiana de la historia.
EnseñanzasRelación entre fe y razón, autonomía de la razón, dignidad de la persona humana, metafísica del ser, ley natural, creación, libertad, moral y concepción histórica de la verdad.
HistoriaIncluye antecedentes bíblicos y encuentro con la filosofía griega, la patrística, la escolástica medieval, el tomismo, el nominalismo, la filosofía moderna y la filosofía contemporánea.
Personas RelacionadasJustino Mártir, Clemente de Alejandría, Orígenes, Gregorio de Nisa, Agustín de Hipona, Anselmo de Canterbury, Alberto Magno, Buenaventura, Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham, Descartes, Pascal, Leibniz, Kierkegaard, John Henry Newman, Vladimir Soloviev, Edith Stein, Jacques Maritain, Étienne Gilson, Gabriel Marcel, Emmanuel Mounier, Romano Guardini, Karol Wojtyła, Juan Pablo II, León XIII
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto de filósofo cristiano

La expresión filósofo cristiano puede entenderse de dos maneras relacionadas, aunque no idénticas.

En sentido biográfico, designa al filósofo que profesa personalmente la fe cristiana. Un pensador puede ser cristiano por su bautismo, su vida de fe o su adhesión doctrinal, aunque sus escritos filosóficos no desarrollen explícitamente contenidos cristianos.

En sentido intelectual, designa al autor cuya filosofía ha recibido una influencia determinante del cristianismo. Esta influencia puede afectar a los problemas que plantea, a la comprensión de la persona, a la concepción de Dios, a la interpretación de la historia o a la relación entre verdad, libertad y bien.

La mera ausencia de contradicción con la doctrina cristiana no basta para llamar cristiana a una filosofía en sentido pleno. Una filosofía puede ser compatible con la fe sin haber nacido de ella ni haber recibido una orientación decisiva de la revelación. La tradición católica también distingue entre la fe cristiana, que no constituye por sí misma una filosofía, y una forma cristiana de filosofar, en la que la razón trabaja en unión dinámica con la fe.1,2

Filosofía cristiana y filosofía de cristianos

La distinción entre ambas expresiones resulta fundamental.

Filosofía elaborada por cristianos

Algunos pensadores cristianos han cultivado una filosofía que utiliza exclusivamente argumentos accesibles a la razón natural. En este caso, la fe puede influir en la persona del filósofo, en su elección de problemas o en su actitud intelectual, pero las conclusiones filosóficas deben proceder de la experiencia, la argumentación y los principios racionales.

Esta perspectiva insiste en que la filosofía, entendida rigurosamente, posee un objeto y un método propios. La filosofía investiga las verdades cognoscibles por la razón mediante procedimientos metódicos, reflexivos y críticos, mientras que la teología parte de la revelación recibida en la fe.3

Filosofía cristiana propiamente dicha

Otros autores consideran legítimo hablar de filosofía cristiana cuando la fe ha contribuido positivamente al desarrollo de una determinada visión filosófica. La fe no sustituye la demostración racional, pero puede purificar la razón, orientar su búsqueda y ofrecerle cuestiones que difícilmente habría formulado sin el cristianismo.

Juan Pablo II distinguió dos aspectos de la filosofía cristiana. El aspecto subjetivo consiste en la purificación de la razón por la fe, que libera al filósofo de la autosuficiencia y le permite afrontar problemas como el mal, el sufrimiento, la libertad, el sentido de la vida o la existencia de Dios. El aspecto objetivo se refiere a contenidos cuya formulación filosófica recibió un impulso decisivo de la revelación, como la idea de un Dios personal y creador, o la relación entre el pecado y el problema del mal.1

Jacques Maritain expresó esta diferencia mediante la distinción entre la naturaleza de la filosofía y su estado. Por su naturaleza, la filosofía depende de la razón y de sus evidencias propias; por su estado concreto, puede desarrollarse en un contexto precristiano, cristiano o no cristiano. La fe no transforma la filosofía en teología, pero puede favorecer su ejercicio y ayudarla a alcanzar con mayor claridad las exigencias de su propia naturaleza.4

Rasgos generales de la filosofía cristiana

La filosofía cristiana no constituye un sistema único. Sin embargo, muchas de sus expresiones comparten varios rasgos.

Búsqueda racional de la verdad

El filósofo cristiano no abandona la razón en favor de una aceptación puramente voluntaria. La filosofía conserva su carácter racional, crítico y argumentativo. La fe no dispensa del razonamiento ni convierte una opinión religiosa en una conclusión filosófica.

La razón humana posee un campo propio de investigación: puede estudiar el ser, la verdad, el bien, la causalidad, la libertad, la persona y el fundamento último de la realidad. La filosofía cristiana defiende, por tanto, la capacidad de la razón para alcanzar verdades metafísicas, aunque reconoce también sus límites.

Apertura a la trascendencia

La filosofía cristiana comprende el mundo como una realidad contingente, dependiente de un fundamento que no recibe de otro su existencia. La cuestión de Dios ocupa un lugar central, aunque la filosofía no accede a Dios del mismo modo que la fe.

La razón puede investigar la existencia y los atributos de Dios mediante la reflexión sobre el mundo y sus causas. La revelación, en cambio, comunica verdades sobrenaturales que exceden la capacidad natural de la inteligencia humana. La filosofía cristiana mantiene la diferencia entre ambos órdenes sin convertirlos en ámbitos incomunicables.

Dignidad de la persona

El cristianismo impulsó una comprensión de la persona humana como criatura dotada de inteligencia, libertad y dignidad propia. Esta visión se relaciona con la doctrina de la creación, la afirmación de que cada ser humano ha sido querido por Dios y la esperanza cristiana de la vida eterna.

La reflexión cristiana sobre la persona incluye cuestiones como la unidad de alma y cuerpo, la libertad, la conciencia, la responsabilidad moral, la sociabilidad y la apertura a Dios.

Centralidad de la moral

La filosofía cristiana considera que la vida humana posee un bien objetivo y que la libertad no consiste simplemente en elegir, sino en orientarse hacia la verdad y el bien. La ley moral no aparece como una imposición arbitraria, sino como una exigencia vinculada a la naturaleza humana y a su destino.

La fe cristiana amplía este horizonte mediante la gracia, la caridad, el pecado, la redención y la vocación sobrenatural. Estos contenidos pertenecen propiamente a la teología, aunque tienen importantes consecuencias para la antropología y la ética filosóficas.

Concepción histórica de la verdad

Frente a las concepciones cíclicas o puramente inmanentes de la historia, el cristianismo introdujo una visión lineal y finalista: la historia tiene un comienzo, un desarrollo y una consumación. La creación, la encarnación de Cristo, la redención y la resurrección confieren a la historia una densidad filosófica particular.

Esta visión favoreció nuevas reflexiones sobre el tiempo, la libertad, la providencia, la responsabilidad histórica y el sentido del progreso.

Desarrollo histórico

Antecedentes bíblicos y encuentro con la filosofía griega

La Biblia no presenta un sistema filosófico en sentido técnico, pero ofrece afirmaciones decisivas para la filosofía: la creación del mundo, la libertad humana, la dignidad de la persona, la existencia de una ley moral y la soberanía de Dios sobre la historia.

El cristianismo primitivo entró pronto en diálogo con la filosofía griega. Los autores cristianos adoptaron conceptos del platonismo, el estoicismo, el aristotelismo y el neoplatonismo, aunque transformaron su significado al integrarlos en la doctrina de la creación, la encarnación y la salvación.

La patrística

Los Padres de la Iglesia desarrollaron una reflexión filosófica vinculada a la defensa de la fe y a la interpretación racional de sus contenidos. Justino Mártir, Clemente de Alejandría, Orígenes, Gregorio de Nisa, Agustín de Hipona y otros autores utilizaron categorías filosóficas para responder a las objeciones paganas y para formular con precisión la doctrina cristiana.

Agustín de Hipona incorporó elementos del platonismo y del neoplatonismo, pero los subordinó a una visión cristiana de la creación, la gracia, la interioridad y la historia. En su pensamiento, la búsqueda de la verdad conduce hacia Dios y la interioridad humana manifiesta la inquietud de la criatura ante su origen y su fin.

La patrística no se limitó a repetir la filosofía antigua. Transformó sus categorías al rechazar la eternidad del mundo, afirmar la creación libre por Dios y conceder un lugar central a la persona y a la historia de la salvación.

La escolástica medieval

La escolástica desarrolló una investigación sistemática sobre la relación entre razón y fe. Las escuelas monásticas, catedralicias y universitarias cultivaron la lógica, la metafísica, la antropología, la ética y la filosofía de la naturaleza.

Anselmo de Canterbury formuló la relación entre fe y entendimiento mediante la búsqueda de una inteligencia de la fe. Alberto Magno estudió ampliamente la filosofía natural y transmitió el pensamiento aristotélico al ámbito cristiano. Buenaventura integró elementos agustinianos y franciscanos en una visión teológica y filosófica centrada en el ejemplarismo, la iluminación y el retorno de la criatura a Dios.

Tomás de Aquino distinguió con claridad la filosofía y la teología. La filosofía parte de principios accesibles a la razón; la teología parte de la revelación. Ambas pueden tratar cuestiones relacionadas, pero no utilizan el mismo punto de partida ni el mismo método.

La filosofía medieval en sentido estricto alcanzó una organización académica propia, especialmente desde el siglo XIII, cuando comenzó a enseñarse en las facultades de artes junto con otras disciplinas. Los grandes teólogos medievales reconocieron la filosofía como saber racional diferenciado de la teología.3

El tomismo

El tomismo constituye una de las expresiones más influyentes de la filosofía cristiana. Sus temas principales incluyen:

  • La distinción entre esencia y acto de ser.
  • La analogía del ser.
  • La composición de materia y forma en los seres corpóreos.
  • La unidad sustancial de alma y cuerpo.
  • La causalidad.
  • La ley natural.
  • La libertad.
  • La demostrabilidad racional de la existencia de Dios.
  • La ordenación de la criatura hacia su fin.

Tomás de Aquino sostuvo que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona. Esta idea permite comprender la relación entre filosofía y teología sin reducir una disciplina a la otra.

El nominalismo y la crisis de la síntesis medieval

Durante los siglos XIV y XV, diversos autores cuestionaron algunos presupuestos de la síntesis escolástica. Guillermo de Ockham otorgó un peso especial a la voluntad y criticó ciertas formulaciones metafísicas de la tradición. El nominalismo contribuyó a separar progresivamente la lógica, la teología y la filosofía natural.

La crisis de la unidad medieval preparó el surgimiento de nuevas formas de pensamiento. La filosofía moderna no nació simplemente como negación del cristianismo, sino también como resultado de transformaciones internas de la cultura cristiana y de la progresiva diferenciación de los saberes.

La filosofía moderna

La modernidad produjo filósofos cristianos de orientaciones muy distintas. Descartes mantuvo una concepción racional de Dios y del alma, aunque su método favoreció una nueva centralidad del sujeto. Pascal criticó la pretensión de una razón autosuficiente y defendió la necesidad de reconocer los límites de la razón humana. Leibniz desarrolló una metafísica racional de la creación, la libertad y la providencia.

Kierkegaard puso el acento en la existencia individual, la decisión, la angustia y la relación personal con Dios. Su pensamiento cristiano reaccionó contra la reducción de la fe a un sistema conceptual abstracto.

La modernidad también generó filosofías cristianas de carácter crítico frente al racionalismo, el empirismo, el idealismo y el materialismo. La tradición cristiana no respondió siempre del mismo modo: algunos autores buscaron una síntesis con la filosofía moderna; otros defendieron una ruptura con sus presupuestos.

La filosofía contemporánea

En los siglos XIX y XX aparecieron nuevas corrientes cristianas vinculadas al neotomismo, el personalismo, la fenomenología, el existencialismo y la filosofía de la historia.

Entre los autores más influyentes destacan:

  • John Henry Newman, por su reflexión sobre el desarrollo doctrinal, la conciencia y la racionalidad de la fe.
  • Vladimir Soloviev, por su visión de la unidad de la verdad, la humanidad y la historia.
  • Edith Stein, por sus estudios sobre la persona, la empatía y la antropología filosófica.
  • Jacques Maritain, por su defensa de un humanismo integral, la ley natural y la dignidad de la persona.
  • Étienne Gilson, por sus investigaciones sobre la metafísica cristiana medieval y la filosofía del ser.
  • Gabriel Marcel, por su filosofía de la esperanza, la fidelidad y el misterio.
  • Emmanuel Mounier, por el desarrollo del personalismo comunitario.
  • Romano Guardini, por su análisis de la existencia cristiana y de la relación entre persona, mundo y revelación.
  • Karol Wojtyła, por la integración de la fenomenología con la antropología cristiana.

La filosofía contemporánea cristiana no forma un bloque homogéneo. Algunos autores parten de Santo Tomás; otros dialogan con Kant, Hegel, Kierkegaard, Husserl, Heidegger o la filosofía analítica. La unidad de esta tradición procede más de la orientación hacia la verdad y de la relación entre razón y fe que de la utilización de un único método.

La filosofía como ancilla theologiae

La expresión latina ancilla theologiae significa «sierva de la teología». La tradición medieval utilizó esta fórmula para expresar que la filosofía podía prestar a la teología instrumentos conceptuales, análisis lógicos y argumentos racionales.

La expresión admite varias interpretaciones. Una lectura reductiva convertiría la filosofía en un instrumento subordinado, sin autonomía ni valor propio. La interpretación clásica, en cambio, entiende que la filosofía conserva su dignidad y sus métodos, aunque pueda colaborar con la teología.

Juan Pablo II explicó que la fórmula no pretendía atribuir a la filosofía un papel servil o puramente funcional. La teología necesita una razón formada en los conceptos y en la argumentación, mientras que la filosofía aporta instrumentos para expresar la inteligibilidad y la universalidad de las afirmaciones teológicas.5

Además, la expresión no describe toda la filosofía, sino la filosofía en cuanto participa en la elaboración o comprensión de la teología. Cuando la filosofía investiga directamente la realidad mediante sus propios principios, no actúa como una simple herramienta de otra ciencia.

Autonomía de la razón en la tradición tomista

La tradición tomista afirma la autonomía de la razón sin convertirla en independencia absoluta respecto de Dios.

La filosofía posee:

  • Un objeto propio: las verdades que la razón puede conocer.
  • Principios propios: los primeros principios racionales.
  • Un método propio: la experiencia, la inducción, la deducción, el análisis y la síntesis.

Por esta razón, la filosofía disfruta de una autonomía completa dentro de su ámbito. La autonomía no significa que la razón exista al margen de Dios, sino que sus operaciones tienen una estructura y unos procedimientos que no deben confundirse con los de la fe o la teología.6

La autonomía tampoco implica oposición. La razón y la fe proceden de Dios y, por ello, ninguna verdad auténtica puede contradecir a otra verdad auténtica. La razón puede investigar las realidades naturales; la fe recibe verdades reveladas que superan la capacidad de la razón, aunque también iluminen problemas que la filosofía puede abordar.

La teología puede recurrir a la filosofía sin absorberla. La filosofía puede dialogar con la teología sin abandonar sus métodos. Esta relación conserva tres elementos:

  1. Distinción, porque filosofía y teología no parten de los mismos principios.
  2. Armonía, porque la verdad no puede contradecirse.
  3. Colaboración, porque ambas disciplinas pueden ayudarse en la búsqueda y expresión de la verdad.

Razón, fe y revelación

La fe no funciona como una premisa filosófica ordinaria. Una demostración filosófica debe partir de principios accesibles al razonamiento humano; la revelación, en cambio, procede de la iniciativa de Dios y se recibe mediante la fe.

Aun así, la fe puede influir profundamente en el ejercicio de la filosofía. Puede prevenir el racionalismo, recordar los límites de la inteligencia humana y preservar a la razón de conclusiones reduccionistas. También puede abrir nuevas preguntas sobre el mal, la libertad, el sentido, la persona y la existencia de Dios.

Desde la perspectiva cristiana, la razón no queda anulada por la fe. La fe la libera de la autosuficiencia, y la razón ayuda a mostrar que creer no equivale a aceptar lo absurdo. La teología necesita conceptos y argumentos; la filosofía puede beneficiarse de una concepción más amplia de la realidad que no reduzca lo real a lo empíricamente mensurable.

Principales temas de los filósofos cristianos

Dios y la creación

Los filósofos cristianos han reflexionado sobre Dios como causa primera, acto puro, ser necesario, bien supremo, inteligencia ordenadora y fundamento de la existencia.

La doctrina cristiana de la creación introduce una diferencia decisiva entre Dios y el mundo. El mundo no procede necesariamente de Dios por emanación ni constituye una parte de la divinidad. La creación depende libremente de Dios y conserva una consistencia propia.

El ser

La metafísica del ser ocupa un lugar central en el tomismo y en otros autores cristianos. La pregunta no se limita a conocer qué son las cosas, sino que investiga por qué existen.

La distinción entre esencia y existencia permite comprender la contingencia de los seres creados. Las criaturas no poseen en sí mismas la razón última de su existir; reciben el ser de Dios.

La persona

La antropología cristiana entiende a la persona como un ser espiritual y corporal, racional y libre, abierto a la verdad, al bien y a la relación con Dios y con los demás.

El personalismo contemporáneo desarrolló esta visión mediante el análisis de la subjetividad, la conciencia, la libertad, el amor, la responsabilidad y la comunidad.

El mal y el sufrimiento

El problema del mal constituye uno de los grandes temas de la filosofía cristiana. La fe cristiana no considera el mal una sustancia independiente ni atribuye su origen a un principio eterno contrario a Dios. La reflexión filosófica examina la relación entre el mal, la limitación de las criaturas, la libertad y el desorden moral.

La revelación cristiana añade las categorías de pecado, redención y cruz, que no pertenecen por sí mismas a la filosofía, aunque transforman el horizonte en el que la filosofía aborda el sufrimiento.

La libertad

La libertad cristiana no equivale a indeterminación absoluta. La persona es libre cuando puede conocer y realizar el bien. El pecado puede disminuir la libertad al introducir desorden en los deseos y en la voluntad; la gracia perfecciona la libertad orientándola hacia el bien y la caridad.

La ley natural

La ley natural expresa la participación de la criatura racional en el orden moral querido por Dios. No consiste en una lista arbitraria de prohibiciones, sino en la estructura moral de la persona y en sus inclinaciones fundamentales hacia la verdad, la vida, la familia, la justicia y la convivencia.

La historia

La filosofía cristiana interpreta la historia desde la creación y la esperanza escatológica. La historia humana posee una dirección, pero no alcanza su plenitud mediante el simple progreso técnico o político. La plenitud última pertenece a Dios.

Pluralidad de corrientes

Los filósofos cristianos han empleado métodos y lenguajes distintos. Entre las principales corrientes figuran:

  • Agustinismo, centrado en la interioridad, la iluminación, la voluntad y la historia.
  • Aristotelismo cristiano, desarrollado especialmente en la escolástica.
  • Tomismo, basado en la metafísica del ser, la ley natural y la armonía entre razón y fe.
  • Escotismo, vinculado a Juan Duns Escoto y a una particular atención a la voluntad, la libertad y la univocidad.
  • Personalismo, centrado en la dignidad y la libertad de la persona.
  • Fenomenología cristiana, que analiza la experiencia, la conciencia y la intersubjetividad.
  • Existencialismo cristiano, atento a la libertad, la angustia, la responsabilidad y la esperanza.
  • Filosofía cristiana de la historia, que interpreta la temporalidad y la cultura desde la creación y la redención.

Esta pluralidad impide identificar la filosofía cristiana con una escuela cerrada. El cristianismo ha dialogado con filosofías no cristianas y ha asumido de ellas conceptos que después transformó. Juan Pablo II recuerda que los Padres de la Iglesia y los teólogos medievales utilizaron filosofías no cristianas, hecho que confirma la autonomía de la filosofía y, al mismo tiempo, muestra las transformaciones que experimenta al entrar en diálogo con la fe.5

Criterios para valorar una filosofía cristiana

Una filosofía cristiana no se reconoce solo por la profesión religiosa de su autor. Conviene atender a varios criterios:

  1. Rigor racional: la argumentación debe respetar la lógica y la experiencia.
  2. Distinción entre filosofía y teología: la fe no debe presentarse como una demostración filosófica encubierta.
  3. Apertura a la verdad: la razón no puede encerrarse en el relativismo ni en el reduccionismo materialista.
  4. Reconocimiento de los límites humanos: la filosofía debe evitar tanto el fideísmo como la pretensión de una razón absoluta.
  5. Concepción integral de la persona: la libertad, la inteligencia, el cuerpo, la moralidad y la apertura a Dios forman una unidad.
  6. Diálogo con la cultura: la filosofía cristiana debe confrontarse con las preguntas de cada época.
  7. Coherencia con la fe: cuando una propuesta filosófica pretende orientar la comprensión cristiana, no puede contradecir las verdades fundamentales de la revelación.

Valoración católica contemporánea

La Iglesia católica no mantiene una filosofía oficial única. La fe no equivale a un sistema filosófico obligatorio. Sin embargo, el magisterio católico concede una importancia especial a la metafísica, a la capacidad de la razón para conocer la verdad y a la filosofía de Santo Tomás de Aquino.

La encíclica Aeterni Patris impulsó la recuperación del tomismo como instrumento privilegiado para la formación filosófica y teológica. Más tarde, Fides et ratio presentó la filosofía cristiana como una forma de filosofar en unión dinámica con la fe, no como una ideología oficial de la Iglesia.1

La tradición católica sostiene que la teología necesita una filosofía capaz de formular conceptos, defender la inteligibilidad de la fe y dialogar con las distintas culturas. Al mismo tiempo, la filosofía conserva su autonomía y no queda reducida a una función auxiliar.

Importancia cultural

Los filósofos cristianos han contribuido decisivamente al desarrollo de la metafísica, la lógica, la antropología, la ética, la filosofía política, la filosofía del derecho, la teoría del conocimiento y la filosofía de la historia.

Su legado incluye la defensa de la dignidad humana, la formulación de la ley natural, la reflexión sobre los derechos y deberes, la crítica del totalitarismo, la relación entre verdad y libertad y el reconocimiento de la dimensión espiritual de la persona.

La filosofía cristiana continúa planteando preguntas que afectan a la vida contemporánea: la inteligencia artificial y la responsabilidad, la manipulación de la persona, la crisis ecológica, la desigualdad, la libertad política, la verdad en la esfera pública y el sentido de la existencia.

Conclusión

Los filósofos cristianos forman una tradición plural que no puede reducirse a un único sistema. Algunos han sido cristianos que practicaron una filosofía racional sin introducir explícitamente la revelación en sus demostraciones; otros elaboraron filosofías profundamente configuradas por la fe cristiana.

La relación entre filosofía y cristianismo exige evitar dos extremos: convertir la filosofía en teología disfrazada o expulsar la fe de toda influencia intelectual. La tradición católica sostiene una relación más equilibrada: distinción sin separación, autonomía sin autosuficiencia y colaboración sin confusión. La filosofía conserva su dignidad racional, mientras la fe amplía el horizonte de las preguntas y ayuda a la razón a buscar la verdad con mayor libertad y profundidad.

Citas y referencias

  1. Capítulo VI - La interacción entre filosofía y teología - Diferentes posturas de la filosofía, Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, 76 (1998). 2 3
  2. J. García-López. El problema de la filosofía cristiana, 6 (1971).
  3. F. Steenberghen. Filosofía y Cristianismo, 3 (1993). 2
  4. Jacques Maritain. Filosofar en la fe, 7 (1979).
  5. Capítulo VI - La interacción entre filosofía y teología - Diferentes posturas de la filosofía, Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, 77 (1998). 2
  6. B3, J. García-López. La cuestión de la filosofía cristiana, 4 (1990).
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