Los escritos auténticos y el «tono» evangélico
Para comprender por qué las Florecillas encajan tan bien con el mundo espiritual franciscano, conviene recordar un rasgo de fondo de san Francisco: sus escritos auténticos se describen como breves, simples e informales, empapados de amor al Evangelio y orientados a una moral práctica.
Las fuentes señalan, además, que sus textos, aun siendo sencillos, abordan contenidos espirituales profundos (por ejemplo, las cartas, consejos a sus discípulos y el Cántico de las criaturas o Laudes Creaturarum). Ese mismo «estilo» —cercano, evangélico, centrado en Cristo— ilumina la manera en que las Florecillas buscan presentar la santidad.
Aprobación de la Regla y vida modelada en Cristo
Las Florecillas giran alrededor del ideal de vida franciscano, y este ideal incluye la pertenencia eclesial y la fidelidad a una forma de vida aprobada. En un texto del papa Clemente V se presenta la «santa Religión» de los frailes menores como un jardín donde, resguardados por el muro de la observancia regular y centrados en Dios, crecen nuevos «brotes» de hijos. Allí se subraya también que el hijo amado —es decir, Cristo— «entró» en el mundo para regarlo con aguas de gracia y doctrina, y que san Francisco escribió y enseñó esa forma de vida por palabra y ejemplo.
Además, en el magisterio de san Juan Pablo II se recuerda que san Francisco quiso modelar su vida sobre el ejemplo del Redentor, desde Belén hasta el Calvario, siguiendo al único Maestro y practicando con rigor la pobreza y la disponibilidad al servicio de Dios y de los hermanos. El mismo discurso menciona un principio esencial: la obediencia al Papa y a los sucesores canónicamente elegidos, explicitado en la Regla bullada.
Estos elementos ayudan a entender por qué, incluso cuando las Florecillas aparecen como narraciones populares, su trasfondo no es literario en primer lugar: es eclesial y cristocéntrico.