Adviento
Durante el Adviento, la ornamentación floral debe manifestar moderación y adecuarse al carácter de espera y preparación propio de este tiempo. La decoración no debe anticipar plenamente la alegría de la Navidad.
Convienen composiciones sobrias, con colores discretos y una disposición que sugiera esperanza y vigilancia. La presencia de flores puede integrarse con ramas, elementos naturales y tonos propios de la estación, siempre sin convertir el presbiterio en una anticipación de la decoración navideña.
Navidad y tiempo de Navidad
Las solemnidades y fiestas permiten una ornamentación más festiva. Las flores pueden expresar la alegría de la Natividad del Señor, aunque la abundancia debe continuar subordinada a la acción litúrgica.
La decoración navideña no debe ocultar el altar ni transformar el presbiterio en un espacio comercial o meramente escenográfico. Los arreglos florales deben coordinarse con el belén, el árbol y los demás elementos propios de este tiempo, evitando que todos compitan por la atención.
Cuaresma
Durante la Cuaresma está prohibida la ornamentación floral del altar, con las excepciones del domingo Laetare, las solemnidades y las fiestas. La prohibición expresa el carácter penitencial de este tiempo y ayuda a orientar la atención hacia la conversión, la escucha de la Palabra y la preparación para la Pascua.
La disciplina cuaresmal no afecta únicamente a la cantidad de flores. También invita a reducir otros elementos ornamentales que puedan transmitir una sensación de fiesta ordinaria. El domingo Laetare, las solemnidades y las fiestas permiten recuperar una ornamentación floral proporcionada.
Triduo Pascual y Pascua
La celebración de la Pascua permite una ornamentación particularmente festiva. Las flores pueden expresar la alegría de la resurrección de Cristo y la vida nueva que brota del misterio pascual.
Durante este periodo conviene mantener una unidad estética entre las distintas celebraciones, sin sustituir el carácter litúrgico por una decoración espectacular. La composición floral debe acompañar el altar, la cruz y el cirio pascual sin ocultarlos ni competir con ellos.
Tiempo Ordinario
El Tiempo Ordinario admite una ornamentación floral regular y sobria. Las flores pueden emplearse para mantener la dignidad del espacio celebrativo y recordar que la liturgia dominical y diaria posee siempre un carácter sagrado, aunque no coincida con una solemnidad concreta.
La elección de flores de temporada favorece una relación más natural con el entorno y evita arreglos artificialmente uniformes durante todo el año.