Naturaleza de la virtud
La virtud cardinal de la fortaleza es un hábito operativo bueno. Esto significa que no consiste en un acto aislado de valentía, sino en una disposición estable que permite actuar de modo firme y ordenado en situaciones difíciles. La persona fuerte no realiza necesariamente acciones espectaculares; con frecuencia demuestra su virtud mediante decisiones ocultas, deberes cotidianos y renuncias que nadie conoce.
La virtud se adquiere y desarrolla mediante la repetición de actos buenos. Una persona aprende a dominar el miedo, tolerar la fatiga, mantener sus compromisos y defender la verdad mediante ejercicios concretos de fidelidad. La gracia no elimina esta dimensión humana, sino que la sana, la eleva y la orienta hacia el fin sobrenatural.
La fortaleza moral exige siempre la guía de la prudencia. El valor no consiste en exponerse innecesariamente al peligro, sino en discernir cuándo conviene resistir, cuándo actuar, cuándo esperar y qué medios resultan proporcionados. Una conducta imprudente puede parecer audaz, pero carece de verdadera fortaleza porque no ordena el riesgo al bien.
Materia de la fortaleza
La fortaleza tiene como materia principal los temores y los peligros especialmente graves, sobre todo aquellos capaces de quebrantar la voluntad y apartarla del bien. La muerte constituye el ejemplo supremo dentro del orden natural, porque representa la pérdida de la vida terrena y el límite extremo de la capacidad humana.
Sin embargo, la fortaleza no aparece únicamente ante la muerte o en circunstancias bélicas. También actúa frente a:
- La enfermedad y la discapacidad.
- La pobreza y la inseguridad económica.
- La soledad, el fracaso y el rechazo.
- La persecución por causa de la fe.
- La presión social y el respeto humano.
- La tentación persistente.
- La fatiga prolongada.
- La obligación de cumplir un deber difícil.
- La defensa de una persona vulnerable.
- La necesidad de decir la verdad cuando produce perjuicios.
- La perseverancia en una vocación o compromiso legítimo.
La audiencia de san Juan Pablo II sobre la fortaleza recordó que esta virtud también resulta necesaria en tiempos de paz. El Papa presentó como ejemplos de fortaleza el rescate de una persona en peligro, la ayuda durante catástrofes y el servicio pastoral realizado en medio de una epidemia. También distinguió entre los actos heroicos conocidos públicamente y los numerosos actos ocultos que sólo conocen la conciencia humana y Dios.
Firmeza en el bien
La fortaleza no busca el peligro por sí mismo. Su finalidad consiste en proteger y realizar un bien verdadero. Una persona puede soportar dificultades por orgullo, ambición, fanatismo, deseo de venganza o afán de imponerse, sin poseer por ello la virtud cristiana de la fortaleza.
La virtud ordena las pasiones mediante la razón y orienta la voluntad hacia un bien justo. La fortaleza permite no abandonar una obligación legítima porque resulta costosa, no ceder ante una injusticia por miedo a las consecuencias y no renunciar a la verdad para obtener ventajas.
La fortaleza también protege las demás virtudes. Sin una cierta firmeza, la justicia puede ceder ante las amenazas, la templanza puede quebrarse ante la presión de los deseos y la caridad puede debilitarse ante el cansancio o la ingratitud. Por esta razón, la tradición considera cardinal la fortaleza: aporta estabilidad a la vida moral en su conjunto.