Origen y formación
Francisco de Vitoria nació hacia 1480 y murió el 12 de agosto de 1546. La tradición biográfica antigua sitúa su nacimiento en una localidad llamada Vitoria, vinculada entonces a la provincia de Ávila, aunque la documentación conservada ha dado lugar a una discusión historiográfica sobre su patria exacta y su fecha de nacimiento. Durante su juventud marchó con sus padres a Burgos, donde recibió su primera formación y entró en la Orden de Predicadores.1
Después de profesar como dominico, fue enviado al convento de Santiago de París, uno de los principales centros intelectuales de la orden y una institución vinculada a la Universidad de París. Allí estudió filosofía y teología, y recibió la influencia de la renovación tomista promovida por maestros dominicos como Pedro Crockaert. Vitoria enseñó en París desde 1516 y probablemente tuvo entre sus alumnos a Domingo de Soto.1,2
Su formación parisina integró tres corrientes: el tomismo, el humanismo renacentista y determinados elementos del nominalismo tardomedieval. Vitoria no adoptó sin más ninguna de ellas. Conservó la estructura doctrinal tomista, aprovechó del humanismo la atención a las fuentes bíblicas y patrísticas, y recibió del nominalismo un interés especial por los problemas concretos de la moral, el derecho y la vida social.3,4
Regreso a España y docencia
En 1522 regresó a España y enseñó teología en el Colegio de San Gregorio de Valladolid. Dos años después obtuvo la principal cátedra de teología de la Universidad de Salamanca, que ocupó hasta 1544. Desde Salamanca ejerció una influencia profunda sobre otras universidades españolas y portuguesas, entre ellas Alcalá, Coimbra, Évora, Sevilla y Valladolid.1
Entre sus discípulos y continuadores destacaron Domingo de Soto, Melchor Cano, Bartolomé de Medina y Martín de Ledesma. La actividad de estos teólogos contribuyó a consolidar una nueva etapa de la escolástica católica y a difundir el estudio directo de santo Tomás de Aquino en las universidades ibéricas.1
La enseñanza salmantina de Vitoria coincidió con una época de profundos cambios: la Reforma protestante, la expansión de la monarquía hispánica, la incorporación de América al horizonte político europeo, la transformación de la economía y la necesidad de una renovación pastoral e intelectual de la Iglesia. Vitoria intentó responder a esas cuestiones desde la teología católica, sin reducir la reflexión cristiana a disputas abstractas desligadas de la realidad histórica.3



