La fraternidad sacerdotal tiene sus raíces en la naturaleza misma del sacerdocio ministerial, que, aunque distinto del sacerdocio común de los fieles, se ordena a él1. Los sacerdotes son elegidos por Dios para participar de la misión sagrada de Cristo, renovando el sacrificio redentor y administrando los sacramentos2. Esta participación común en el sacerdocio de Jesucristo crea un vínculo indisoluble entre ellos.
Origen Sacramental y Misión Compartida
La unidad entre los sacerdotes es una fraternidad sacramental3,4,5. Nace de la común ordenación sagrada y de la misión que les ha sido confiada3,4. El Concilio Vaticano II subraya esta «íntima fraternidad sacramental» que une a los presbíteros6. Esta gracia del Orden asume y eleva las relaciones humanas, psicológicas, afectivas, amistosas y espirituales entre los sacerdotes, expandiéndose en diversas formas de ayuda mutua, tanto espiritual como material7.
La misión compartida en el ministerio pastoral abarca una amplia gama de tareas, oficios y actividades, todas ellas orientadas a la evangelización y la edificación del Cuerpo de Cristo8. A pesar de la diversidad de roles —ya sea en parroquias, obras diocesanas, enseñanza, investigación, medios de comunicación, arte religioso o caridad— todos los presbíteros ejercen un único ministerio sacerdotal al servicio de la humanidad8. Esta variedad de tareas no debe generar categorías o desniveles, ya que todas forman parte del plan de evangelización8.

