Los primeros lugares de bautismo
Durante la época apostólica, los cristianos no necesitaban un recipiente fijo para administrar el Bautismo. Los apóstoles y los primeros misioneros bautizaban en ríos, estanques, pozas, fuentes naturales o en otros lugares donde hubiese agua suficiente. El libro de los Hechos de los Apóstoles relata, por ejemplo, bautismos realizados al aire libre y también bautismos dentro de una casa.
La comunidad cristiana también pudo administrar el Bautismo en el mar o en aguas corrientes. Tertuliano conservó el recuerdo de bautismos realizados en el río Tíber, mientras que otros relatos antiguos describen la actividad misionera junto a ríos y piscinas. La existencia de una fuente fija no resultaba indispensable para la validez del sacramento; la Iglesia necesitaba agua verdadera y la forma sacramental instituida por Cristo.
Con el crecimiento de las comunidades y la construcción de lugares de culto, la Iglesia reservó espacios concretos para el Bautismo. La privacidad, la dignidad de la celebración y la veneración debida al agua bautismal favorecieron la aparición de recipientes destinados exclusivamente a este sacramento.
Las fuentes de la Iglesia antigua
Las fuentes más antiguas de Occidente aparecen en las catacumbas romanas, especialmente en las capillas bautismales. Algunas consistían en cisternas excavadas en la toba del suelo. La arqueología cristiana ha identificado depósitos y piscinas bautismales en diversos cementerios antiguos, entre ellos los de Ostriano, Ponciano, santa Felicidad y Priscila.
Las representaciones artísticas de los primeros siglos suelen mostrar una piscina poco profunda. El candidato permanecía de pie con los pies dentro del agua mientras el ministro derramaba agua sobre su cabeza desde un recipiente o desde un conducto situado encima. Estas imágenes reflejan la coexistencia de la inmersión parcial y de la infusión.
En Oriente, los baptisterios adoptaron con frecuencia la forma de piscinas amplias y profundas, semejantes a los baños públicos, que permitían la inmersión total. Algunas recibieron el nombre griego kalymbéthra, relacionado con la idea de piscina o baño, y el nombre latino natatorium. También apareció el término piscina, vinculado simbólicamente con el nacimiento y la vida en las aguas.
Del baptisterio a la pila parroquial
En las primeras épocas, la fuente podía encontrarse dentro de un edificio independiente llamado baptisterio. Estos edificios solían presentar planta circular o poligonal, con la piscina bautismal en el centro. Un espacio de circulación permitía la presencia de ministros, catecúmenos y testigos, mientras que otras dependencias servían para la preparación de los candidatos y, en ocasiones, para la celebración eucarística posterior.
El baptisterio podía estar unido a la catedral o situado junto a ella. Con el tiempo, cuando las comunidades dejaron de necesitar grandes piscinas separadas, el término pasó a designar la capilla o el espacio de la iglesia reservado al Bautismo. La fuente quedó integrada en el edificio principal, aunque conservó su carácter propio.
El clima influyó en la evolución de la forma bautismal. En las regiones meridionales, la inmersión de los niños permaneció durante más tiempo; en los países septentrionales, la baja temperatura del agua favoreció la extensión de la infusión. La necesidad de utilizar una cantidad menor de agua condujo a fuentes más pequeñas, semejantes a las pilas que hoy aparecen en muchas iglesias.