La expresión fugitivos por causa de la fe posee un sentido histórico, espiritual y pastoral. No designa una categoría canónica autónoma ni un estado jurídico específico dentro de la Iglesia, sino una realidad vivida por numerosos cristianos perseguidos.
El fugitivo por causa de la fe puede ser:
- un bautizado obligado a ocultarse por amenazas contra su vida;
- un sacerdote o religioso que abandona una localidad para evitar su detención y continuar ejerciendo clandestinamente su ministerio;
- un obispo expulsado por un régimen hostil a la Iglesia;
- una familia cristiana que abandona su país para preservar su seguridad y la educación religiosa de sus hijos;
- un misionero o evangelizador que cambia de lugar para proseguir su anuncio;
- un creyente que busca refugio después de sufrir violencia, encarcelamiento o discriminación por su adhesión a Cristo.
La huida no constituye por sí misma apostasía, infidelidad ni renuncia al testimonio cristiano. Su valoración depende de la intención, de las circunstancias y de los deberes concretos de la persona. La tradición de la Iglesia distingue entre evitar prudentemente una persecución y negar la fe por miedo.
