El Génesis, cuyo nombre significa «origen» o «comienzo», es el punto de partida de la historia de la salvación2. Este libro no es un manual de ciencias naturales, sino que busca transmitir verdades profundas y auténticas sobre la realidad3. La Iglesia Católica ha sostenido consistentemente que los primeros capítulos del Génesis, aunque puedan contener rastros históricos, tienen como propósito principal proporcionar enseñanza religiosa4.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia destaca que el Génesis ofrece los fundamentos de la antropología cristiana: la dignidad inalienable de la persona humana, arraigada en el designio creador de Dios; la naturaleza social constitutiva de los seres humanos, cuyo prototipo es la relación original entre hombre y mujer; y el significado de la actividad humana en el mundo, ligado al descubrimiento y respeto de las leyes naturales inscritas por Dios en el universo5.
La creación como obra divina
El Génesis presenta a Dios como el Creador de todo lo que existe, especialmente en sus primeros capítulos6. La narrativa de la creación en Génesis 1-2 es una visión grandiosa de la historia que se despliega desde el Pentateuco6. Afirma que todo se debe a la decisión de Dios y es un regalo libre del Creador6.
El estilo poético de la historia del Génesis transmite el asombro ante la inmensidad de la creación y el consiguiente sentido de adoración al Único que hizo todas las cosas de la nada7. Es un himno al Creador del universo, señalándolo como el único Señor frente a las tentaciones recurrentes de divinizar el mundo mismo7. También es un himno a la bondad de la creación, toda ella obra de la mano poderosa y misericordiosa de Dios7. La frase «Dios vio que era bueno» se repite varias veces, iluminando positivamente cada elemento del universo y revelando el secreto para su correcta comprensión y eventual regeneración: el mundo es bueno en la medida en que permanece unido a su origen7.
El Señor creó con su palabra, como se enfatiza por la repetición de la frase «Dijo Dios» en el texto3. La Palabra, el Logos de Dios, es el origen de la realidad del mundo, y su poder efectivo se subraya en el Salmo 33 (32): 6, 9: «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca… porque él habló, y existió; él mandó, y apareció»3.
La creación del hombre y la mujer
El don específico del Creador a la humanidad consiste en haber creado a los seres humanos a su propia imagen: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra» (Génesis 1:26)6. El hombre y la mujer aparecen en el clímax de la creación de Dios6. En Génesis 1:26-28, se les describe como representantes de Dios, de tal manera que se relacionan con su Creador, y Dios mismo —invisible y sin imagen— otorga poder a su criatura, la humanidad6.
Esta visión establece una antropología teológica: no se puede hablar de Dios sin hablar de la humanidad, ni de la humanidad sin hablar de Dios6. Al ser imágenes de Dios y administradores del Creador, los seres humanos son receptores de su palabra y están llamados a obedecerle8,9.
Se pueden identificar al menos seis características que contribuyen a la condición de la persona humana como «imagen de Dios»6:
Razón: la capacidad y el deber de conocer y comprender el mundo creado.
Libertad: la capacidad y obligación de tomar decisiones y asumir la responsabilidad por ellas.
Liderazgo: no incondicional, sino en subordinación a Dios.
Capacidad de actuar en conformidad con Aquel de quien la persona humana es imagen, es decir, imitando a Dios.
Dignidad de ser persona, un ser «relacional», capaz de tener relaciones personales con Dios y con otros seres humanos.
Santidad de la vida humana.
El Génesis también enseña que el hombre fue puesto en el «jardín del Edén, para cultivarlo y cuidarlo» (Génesis 2:15)9. Los verbos hebreos originales se usan en otros lugares para indicar «servir» a Dios y «observar» su palabra, sugiriendo un pacto primario entre el Creador y cada criatura humana, que se cumple en el deber de llenar la tierra, someterla y dominar sobre los peces del mar, las aves del cielo y todo ser vivo que se mueve sobre la tierra9.

