Los orígenes del gnosticismo son complejos y han sido objeto de considerable debate y estudio. Aunque en el pasado se consideraba principalmente una corrupción del cristianismo, las investigaciones actuales sugieren que los primeros vestigios de los sistemas gnósticos pueden detectarse siglos antes de la era cristiana1. Se ha propuesto un origen oriental, con conexiones con religiones de la India, Siria, Fenicia y el mazdeísmo posterior. Algunos estudiosos también han señalado la influencia de la filosofía platónica griega y los misterios griegos, incluso describiéndolo como una «helenización aguda del cristianismo»1.
Sin embargo, en las últimas décadas, la tendencia académica se ha inclinado hacia la demostración de los orígenes orientales pre-cristianos del gnosticismo. Se ha encontrado una conexión entre la gnosis y la religión babilónica sincretista que surgió después de la conquista de Ciro. Aunque el maniqueísmo a veces se clasifica como una forma de gnosticismo, es más preciso verlo como un desarrollo paralelo, ya que el maniqueísmo se basa en el dualismo, mientras que el gnosticismo, como un panteísmo idealista, concibe la materia como una degradación gradual de la divinidad1.
El gnosticismo se extendió rápidamente y se adaptó a las formas de pensamiento cristianas al entrar en contacto con el cristianismo. Tomó prestada su terminología, reconoció a Jesús como Salvador, simuló sus sacramentos y se presentó como una revelación esotérica de Cristo y los Apóstoles. Produjo una gran cantidad de evangelios, hechos y apocalipsis apócrifos para respaldar sus afirmaciones. A medida que el cristianismo crecía, el gnosticismo se propagó, afirmando ser la única forma verdadera de cristianismo, exclusiva para los «dotados y los elegidos»1.
